Por: Luís Roberto Flores
Qué sucede si los mexicanos vemos un problema o a un compatriota que pasa por un mal momento, muchos al escucharlo podríamos decir que lo ayudamos o veríamos la manera de ser empáticos, pero que sucede cuando un automóvil se para a media calle por alguna falla mecánica. Lo primero para muchos es burlarse; decir mira esa carcacha se le paro, quedarse a observar hasta que otra personas con más valores lleguen a ayudar y empujen el carro hasta un lugar donde no pueda causar un accidente o simplemente no estorbe. Entonces si es cuando decidimos unirnos y hacer como que ayudamos.
Pero porque somos así los mexicanos, por qué tenemos un bloqueo mental que nos impide brindar nuestra ayuda. Serán falta de valores, falta de educación, Poca ética o simplemente somos animales que prefieren sacar un celular y grabar como una niña de secundaria mata a otra con una piedra, mientras un grupo de estudiantes las alientan a darse más duro.
Más allá de problemas de bullyng, cómo sociedad hemos perdido sensibilidad y respeto hacia los demás, sus preferencias y gustos. Es triste aceptarlo pero los padres mexicanos podrán ser muy amorosos y luchones por sus hijos, pero como dice el dicho, de amor no vivimos y claramente también debemos vivir con valores, fundamentos que no tienen, porque a la primera oportunidad, les dicen a sus hijos; que bueno que se murió el vecino, que me caía gordo, ve como el canelo se la parte a ese pinche ruso.
En México somos consumidores de violencia, nos divierte ver como dos gallos con navajas en las patas se matan, nos entretiene ver como dos hombres se pelean en medio del tráfico. En los accidentes nuestra adicción al morbo nos induce a grabar la trágica escena de una familia que se mató en su camioneta.
Vivimos en un país donde los padres engrandecen a los delincuentes y no los ponen como ejemplos de chingones, donde las madres heredan sus envidias a sus hijas, donde los papás se creen mafiosos e incitan a sus hijos a ser más cabrones que ellos.
Pero no vivimos en un país donde nuestros padres nos enseñen a ayudar al prójimo, a tener respeto por la vida y las tragedias de los demás, a ponerse en los zapatos ajenos, seguimos siendo el país del ya mérito del ahorita, del estoy cansado mejor mañana lo hago y esa escuela a largo plazo nos ha convertido en espectadores, en simples observadores de un país que se cae a pedazos. Somos la generación que al ver algo ardiendo preferimos arrojar más leña con tal de mirar algo más espectacular, nos alimentamos con la sangre y las lágrimas de los demás.
Nuestro presidente dice que somos el pueblo bueno, la realidad es que aún somos un pueblo ignorante y carente de conciencia y calidad humana. Somos el pueblo que adora al diablo, a la muerte y a San Judas, donde un famoso jugador de fútbol le organiza a su hijo de 12 años una fiesta infantil con temática de narcotraficantes. Somos los que crean grupos de telegram para compartir desmembrados, asesinatos, accidentes, suicidios y feminicidios.
En México somos adictos del dolor y el sufrimiento, productores y camarografos de contenido violento. Pero no somos aquellos que ayudan, aquellos que evitan una tragedia, solo somos el que graba pero no ayuda.
