Por: ANGEL FLORES
En los últimos años, una preocupante tendencia ha permeado las redes sociales donde ciertas ideas se han afianzado en los debates y comentarios de las publicaciones. La sociedad parece haber concebido la errónea idea de que la pobreza es sinónimo de ignorancia y que aquellos más acomodados poseen la verdad absoluta solo por su situación económica. Estos privilegios los han sumido en una burbuja que distorsiona su percepción de la realidad, impidiendo ver las múltiples circunstancias que hacen a las personas víctimas de desigualdades.
Vivimos en una sociedad donde nuestro valor social se ha reducido a nuestro poder adquisitivo, y aquellos que no cumplen con los estándares establecidos por cada nivel socioeconómico son rápidamente marginados. Diariamente estamos expuestos a una cultura de desinformación que nos hace creer que si no tenemos los bienes materiales más caros o de marca, estamos condenados a ser considerados «don nadie». Esta idea ha escalado al extremo de cuestionar el derecho a tener hijos, como si fuera un mero privilegio.
En los debates de Internet, algunos pseudo analistas han impulsado la creencia de que los pobres no deberían tener hijos, presentándola como una solución revolucionaria para poner fin a la pobreza, tratando a los menos afortunados como si fueran una plaga. Sin embargo se olvida que la pobreza es una problemática compleja, que va mucho más allá de los deseos de millones de familias que luchan diariamente para cubrir sus necesidades básicas en un país con altos niveles de desigualdad.
Es cierto que tener un hijo no debe tomarse a la ligera, ya que implica recursos económicos, tiempo y esfuerzo físico, donde la planificación familiar es sin dudas la mejor opción para ofrecer una buena calidad de vida a los niños, pero la realidad es que temas como la desigualdad e inflación de la economía dificultan la vida de muchas familias, convirtiendo esta teoría en un desafío que en la práctica no siempre resulta de lo más sencillo.
En esta sociedad, se repite constantemente la frase «si los pobres no tienen para mantenerlos, ¿para qué los tienen?». Esta perspectiva demuestra ignorancia, ya que asume que el dinero lo puede comprar todo. Creer que una persona es ignorante e incapaz de cuidar a un hijo simplemente por no contar con grandes riquezas es reflejo de lo descompuesta que está la sociedad. Donde en lugar de buscar privar a las personas de su derecho a formar una familia, debemos buscar soluciones que generen un cambio significativo en la calidad de vida de todos. Esto incluye políticas más enfocadas en la redistribución de la riqueza y una igualdad social real.
Es fundamental recordar que pertenecer a la clase media ya es un privilegio en sí mismo, y ser rico o millonario es prácticamente como ganar la lotería en un mundo donde el valor del dinero se devalúa debido a conflictos bélicos y crisis pandémicas.
La estigmatización de la pobreza solo perpetúa divisiones y prejuicios, alejándonos de una sociedad más inclusiva y solidaria. Donde lo correcto sería dejar atrás estas nociones erróneas y trabajar en conjunto para construir un mundo donde todos tengan igualdad de oportunidades, independientemente de su situación económica. Solo así podremos avanzar hacia un futuro más justo y equitativo para todos y dejaremos de lado la idea de que la pobreza es una enfermedad.
