SANTERÍA

Por: Luis Roberto Flores Islas


La fe de la delincuencia
Dentro de las últimas noticias más relevantes en Hidalgo, relacionadas con el crimen organizado y el narcomenudeo se han presentado algunos casos singulares, pues dentro de los cateos a diferentes lugares se han encontrado grandes altares, dedicados a seres mitológicos, como Satanás, La Muerte, Malverde y San Judas Tadeo.
Por ejemplo en el municipio de Cuautepec el pasado 4 de mayo de 2023 fue descubierto un túnel de 8 metros de profundidad diseñado para robar combustible en ductos de Pemex. Donde lo más impresionante fue el hallazgo de un gran altar dedicado al diablo y la muerte. Otro caso reciente fue el ocurrido en la región de Tula, lugar en el que aseguraron 20 mil 600 dosis de marihuana, 16 mil 667 dosis de droga sintética “cristal”, 5 kilogramos de droga sintética “cristal”, 4.45 kilogramos de cocaína y 2.7 kilogramos de precursor químico para cocaína y por supuesto un gran altar dedicado a las entidades antes mencionadas.
En México es tan aceptada y romantizada la apología del delito, que es normal adorar y santificar a seres malévolos de la biblia y algunos otros de larga carrera delictiva, como narcos y asesinos. Todo con la finalidad de pedir milagros relacionados con crímenes como el hurto y el narcotráfico además de orar por otros delincuentes e incluso bendecir sus armas.
Si bien somos un país laico donde tenemos el derecho de profesar la religión que más nos agrade, esta libertad podría ponerse en duda con la inauguración creciente de templos e iglesias dedicados a temas oscuros. El mayor ejemplo de esto lo tenemos en la Ciudad de Pachuca, donde se encuentra el considerado por muchos más grande altar e iglesia de la Muerte y temas relacionados con espiritismo y brujería.
El problema no es la libertad de culto, sino la clara violación a los valores y las temáticas siniestras que han dogmatizado estos espacios, donde se realizan rituales de protección para criminales y ceremonias para desearle lo peor a cualquier persona. Si bien cada persona ocupa su fe para distintos fines, también es verdad que estas prácticas pueden llegar a corromper la moral de cualquier individuo, principalmente la de los más jóvenes quienes actualmente son un grupo importante que participa activamente en las filas de la delincuencia.
Si bien no hay un organismo que regule y supervise lo que se realiza o lo que se práctica en estos aposentos, la verdad es que para muchos creyentes y no creyentes, estos espacios son un foco de infección ideológica para todas aquellas personas de mentes frágiles, que se dejan llevar por todo lo que ven y creen que es aceptado en una sociedad, saturada de apología en la televisión, internet y sobre todo en la música.

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