BUENAS VIBRAS

La vida es una montaña rusa de emociones, con sus altibajos que con el tiempo forjan nuestra personalidad. Los reveses, las pérdidas y los momentos difíciles son parte del viaje que todos debemos enfrentar para comprender que la felicidad no es un estado constante.
No obstante, el bienestar debería ser un derecho al que todos aspiramos. Cada día, lamentablemente, nos encontramos con actitudes de apatía, envidia y divisiones en lugar de solidaridad. La felicidad, en la sociedad actual, se ha vuelto un lujo al que pocos tienen acceso, a menudo vinculado con lo material y la dependencia emocional de otros.
Desde temprana edad, nos inculcan la idea de que la felicidad está relacionada con la posesión de objetos caros, la última tecnología o relaciones perfectas en las que no existen los problemas. Esta perspectiva tiende a deshumanizarnos, alejándonos de la noción de que los aspectos positivos y negativos son inherentes a la realidad.
El concepto de «vibrar alto» es promovido por algunos como una forma de mantener pensamientos positivos y una mentalidad enfocada, reconociendo que nuestros pensamientos a menudo influyen en nuestro bienestar emocional y niveles de estrés. Sin embargo, es esencial comprender que no somos el centro del universo y que existen problemas más allá de nuestra propia vida. A nivel material, no todos tenemos el teléfono más caro, no todos tenemos el automóvil más bonito o la casa más elegante, pero todos compartimos nuestra humanidad lo único que nos hace iguales a nivel biológico, pues al final del día la muerte es lo único seguro que tenemos.
La idea de «vibrar alto» puede proporcionar una sensación de mejora en nuestra disposición hacia la vida. No obstante, en la realidad de nuestros días pueden ser muy distintos, esta noción choca con la cruda verdad de que no se trata solo de actitud. Es una lucha enfrentar la falta de oportunidades y las dificultades económicas, que afectan la capacidad de acceder a la felicidad o, al menos, a una vida digna, pues mientras existan personas comiendo una vez al día, mientras existan faltas de oportunidades la felicidad de todos estará condenada a unos cuantos, aunque el tenerlo todo tampoco sea sinónimo de felicidad, pues este sentimiento va más allá de pertenecer a cualquier clase social.


POR: ANGEL FLORES

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