DÍA DE SAN VALENTÍN

A medida que se acerca el día del amor y la amistad, las calles de la capital hidalguense comienzan a adornarse con rosas, globos y obsequios, en un festín para expresar el amor hacia nuestros seres queridos. Esta celebración tiene sus raíces en la historia de San Valentín, un sacerdote del Imperio Romano del siglo III que desafió las prohibiciones del emperador Claudio II al casar en secreto a parejas enamoradas. Su valentía y sacrificio lo han convertido en el patrono de los enamorados, recordado cada 14 de febrero desde su ejecución en el año 270.
Sin embargo, lo que alguna vez fue un acto de amor y valentía, con el tiempo se ha transformado en una fantasía, especialmente para la juventud, quienes ven en este día una oportunidad para expresar sus sentimientos y conectar con amigos y amigas. Pero, detrás de esta efervescencia romántica, la realidad nos muestra otra faceta menos reluciente: la soledad.
El sentimiento de soledad puede afectar profundamente a aquellos que no están en una relación, especialmente en un mundo donde los medios de comunicación nos bombardean con imágenes y mensajes sobre cómo debería ser el amor y la felicidad. La sociedad, en su afán por promover la pareja como sinónimo de realización personal, a menudo olvida enseñar a las personas a lidiar con la soledad y a encontrar la plenitud en sí mismas.
Este vacío emocional ha llevado a muchas personas a buscar desesperadamente una compañía, incluso si no es lo que realmente desean para sus vidas. Como resultado, vemos un aumento significativo en las separaciones prematuras y relaciones inestables en la actualidad. El temor a estar solo puede llevar a decisiones apresuradas y a compromisos que no son auténticos, erosionando la base misma del amor y la amistad.
Además, como ocurre con muchas otras celebraciones en el siglo XXI, el Día del Amor y la Amistad se ha convertido en una oportunidad para el consumismo desenfrenado. En lugar de enfocarse en el verdadero significado del amor y la amistad, se prioriza el valor material de los obsequios, perpetuando la idea de que el precio de un regalo es más importante que la intención detrás de él.
Es por eso que es importante que en estas fechas entendamos que el amor va más allá de los regalos, el estar siempre acompañados o el no sentirnos solos, sino que el amor propio se ha convertido en la actualidad en la mejor manera de disfrutar cada parte de nuestras vidas, siempre y cuando no se convierta en un sentimiento de egoísmo. El valor de compartir lo poco o mucho que tengamos se convierte en algo tan extraño de ver al día de hoy.
En este contexto, el amor propio se erige como la piedra angular sobre la cual se construyen relaciones sólidas y significativas. Es aprender a valorarnos a nosotros mismos, a reconocer nuestras fortalezas y debilidades, y a cultivar una relación positiva con nosotros mismos antes de buscarla con los demás. Solo cuando nos amamos a nosotros mismos de manera genuina, podemos ofrecer amor verdadero a los demás, sin expectativas ni condiciones. En última instancia, el amor propio nos enseña que la felicidad y la plenitud no se encuentran en los brazos de otro, sino dentro de nosotros mismos. Es un recordatorio de que, antes de poder amar a alguien más, debemos aprender a amarnos a nosotros mismos primero.

Opinión: Angel Flores

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