Tener un empleo es una realidad que, tarde o temprano, todos debemos enfrentar en la vida. Dependiendo de nuestras circunstancias personales, nos encontraremos con la necesidad de elegir entre diversas opciones laborales, limitadas o amplias, en función de nuestras habilidades o capacidades para afrontar los retos que estos trabajos implican.
La vida laboral termina convirtiéndose en una parte significativa de nuestra existencia cotidiana, al punto de que, en los peores casos, podemos llegar a pasar más tiempo en el trabajo que en nuestros propios hogares.
Desafortunadamente, en nuestro país, como en muchos otros, es fácil evadir las leyes laborales o simplemente implementarlas de manera que beneficien a la empresa. Aunque no todas las empresas actúan de mala fe, ni todos los trabajadores tienen intenciones positivas, la realidad en México es que existe una gran cantidad de irregularidades en muchos ámbitos, y el sector laboral no es la excepción.
Con frecuencia, nos encontramos con testimonios de empleados que han sido víctimas de malos tratos, horarios abusivos y remuneraciones económicas injustas.
El tiempo es un recurso no renovable del que todos disponemos. Cómo decidimos gastarlo es una cuestión muy personal que no debería ser tomada a la ligera. Lamentablemente, muchas empresas cometen el error de considerar a sus trabajadores como parte de sus activos fijos, como si fueran dueños de sus vidas.
Como empleado, el problema no radica en que te pidan quedarte un poco más de tiempo, ya que, de cierta forma, uno entiende que en la vida laboral, al igual que en la personal, siempre habrá obstáculos, y apoyar en esos momentos difíciles se convierte en parte de nuestra responsabilidad como miembros de la organización.
Sin embargo, el verdadero problema surge cuando uno enfrenta un problema personal o alguna adversidad que requiere ausentarse del trabajo. En muchas ocasiones, los encargados de recursos humanos actúan de manera tan insensible que parecería más apropiado llamarlos «recursos inhumanos».
Parece ser que para obtener un permiso es necesario avisar con 15 días de anticipación o contar con una justificación excesivamente convincente. Esta doble moral se repite a lo largo del país, como si la mayoría del personal de recursos humanos fuera cortado por la misma tijera.
El problema no radica en que se descuente un día no laborado; el problema es que las horas extras nunca son compensadas adecuadamente, quedando olvidadas en la memoria de estas personas.
Lamentablemente, la regulación de los derechos laborales ha quedado en el olvido, ya que es imposible que las autoridades laborales monitoreen a los trabajadores durante todo el día. Además, muy pocos trabajadores se atreven a denunciar estos abusos por miedo a perder su empleo y, con ello, su sustento de vida, convirtiéndonos así en prisioneros de nuestros propios trabajos, en una especie de esclavitud moderna, aunque menos severa.
Por: Roberto Flores Piña
