Con la reciente llegada de las lluvias a Pachuca, la comunidad respira aliviada. Después de meses bajo un sol implacable, la frescura de un día nublado no solo alivia el calor, sino que también nos hace reflexionar sobre la fragilidad de nuestros recursos naturales, en particular, el agua potable. La escasez de este vital líquido no es una amenaza lejana; es una realidad palpable en nuestro estado de Hidalgo, donde las principales presas registran niveles alarmantemente bajos de almacenamiento.
La situación es crítica. La Dirección Local Hidalgo de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) ha informado que las siete presas principales del estado están secas, con un almacenamiento promedio de apenas el 18.72 por ciento. Reservorios como la Vicente Aguirre y la Rojo Gómez en Alfajayucan, muestran niveles especialmente bajos, lo que pone en evidencia la magnitud del problema. Esta crisis hídrica, exacerbada por la falta de lluvias, debería ser un llamado a la acción.
Sin embargo, la conciencia sobre la importancia del cuidado ambiental y la planificación urbana parece estar ausente en nuestra ciudad. Pachuca se ha transformado en un vasto mar de concreto, donde encontrar un árbol que provea sombra se ha vuelto una tarea difícil. Más allá de las pocas áreas verdes, la deforestación avanza implacable en los alrededores de la ciudad, devastando sitios que alguna vez fueron ricos en flora y fauna. El crecimiento urbano, impulsado por la avaricia, parece devorar lo que no puede defenderse por sí solo: nuestra valiosa naturaleza.
Este problema ambiental no solo repercute en la biodiversidad, sino también en el bienestar de la población. Las temperaturas en la región han alcanzado niveles extremos, con hasta 35 grados registrados recientemente en la zona centro de Hidalgo. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) pronostica para este año cinco olas de calor en el país, con temperaturas que podrían superar los 45 grados en varios estados. Esto no solo es un recordatorio del cambio climático global, sino también de nuestra responsabilidad local.
La llegada de las lluvias este año, aunque tardía, es una bendición temporal. Según la Conagua, se espera que estas precipitaciones se extiendan hasta octubre, ofreciendo un respiro necesario. Sin embargo, esta no es una solución permanente. La gestión del agua y la conservación del medio ambiente deben ser prioridades en la agenda pública. Necesitamos políticas que promuevan el uso sostenible de los recursos, la reforestación, y la expansión de áreas verdes.
Por: Angel Flores
