EL BRILLO OLÍMPICO NO PUEDE OCULTAR LAS INJUSTICIAS SOCIALES

Los Juegos Olímpicos de París 2024 han terminado, pero su impacto social va más allá de los triunfos individuales y los récords rotos, este evento dejó en evidencia las tensiones sociales, políticas y culturales que se entrelazan con el mundo del deporte. Los Olímpicos, que deberían ser una celebración de la humanidad y de la unidad, se también en un escenario donde las desigualdades y las injusticias quedaron al descubierto. Y eso, más que los logros deportivos, es lo que debería ocupar nuestra sociedad.

El Hiyab de Sifan Hassan: Un Símbolo de Resistencia

Uno de los momentos más poderosos de París 2024 fue la victoria de Sifan Hassan en el maratón femenino, no solo por la hazaña atlética, sino por el acto simbólico que la acompañó: recibir su medalla de oro vistiendo un hiyab. En un país que mantiene una prohibición sobre el uso del hiyab para sus atletas femeninas, Hassan desafió con elegancia y fuerza esta restricción, enviando un mensaje al mundo sobre la libertad de expresión y la autonomía corporal.

Este gesto subraya cómo las mujeres, especialmente las deportistas, siguen enfrentando barreras que van más allá de la pista de atletismo. Hassan no solo corrió para ganar una medalla; corrió para reivindicar el derecho de las mujeres a ser ellas mismas, a practicar su fe y a ser respetadas por ello. En un mundo donde la islamofobia sigue presente, este momento debería servir como un llamado a la reflexión sobre las políticas que buscan controlar y limitar la identidad de las mujeres.

Limpieza Social y Exclusión: La Otra Cara de los Juegos

Pero mientras algunos atletas brillaban con sus actos de resistencia, otros aspectos de los Juegos revelaban un lado mucho más oscuro. La llamada «limpieza social» de París, en la que miles de personas sin hogar y migrantes fueron desplazados para «embellecer» la ciudad para los turistas y espectadores, es una vergüenza que no puede pasarse por alto. Este tipo de acciones nos obliga a cuestionar el verdadero coste de estos megaeventos. ¿Estamos dispuestos a sacrificar a los más vulnerables en nombre del espectáculo?


La expulsión de los pobres y los marginados no es un fenómeno nuevo en los Juegos Olímpicos, pero es uno que debemos erradicar. Si permitimos que estas prácticas continúen, estamos fallando en los principios básicos de justicia social que deberían guiar a nuestras sociedades.

Las Polémicas que Marcaron los Juegos

Las controversias de París 2024 no se limitaron a la limpieza social. Desde la Ceremonia de Inauguración, dirigida por Thomas Jolly y envuelta en críticas, hasta las condiciones higiénicas del río Sena, los Juegos estuvieron marcados por una serie de episodios que dejaron más preguntas que respuestas. El caso de Imane Khelif, la boxeadora argelina que tuvo que soportar difamaciones sobre su género, es un ejemplo claro de cómo los prejuicios y la ignorancia aún dominan en el deporte.

Khelif no solo luchó en el ring; también tuvo que pelear contra los estereotipos y la discriminación que siguen afectando a las mujeres, especialmente a aquellas que no encajan en los moldes tradicionales de feminidad. Que en pleno 2024 todavía se cuestione la identidad de una atleta en función de sus cromosomas es un reflejo de lo mucho que aún nos queda por avanzar en términos de inclusión y respeto.


México y el Futuro del Deporte

México, aunque sin medallas de oro, mostró en París 2024 una actuación digna y llena de esfuerzo. Sin embargo, su posición en el medallero general evidencia las limitaciones estructurales que siguen afectando al deporte en el país. Es momento de replantear nuestras prioridades y de invertir en el desarrollo de nuestros atletas desde la base, para que en futuros Juegos no solo podamos celebrar más triunfos, sino hacerlo con una sensación de justicia y equidad.

Los Juegos Olímpicos siempre han sido un reflejo de la sociedad, y París 2024 no fue la excepción. Este evento nos mostró lo mejor y lo peor de nuestra humanidad. Nos recordó que el deporte no ocurre en un vacío, sino en un mundo lleno de complejidades, donde las luchas por la equidad, la justicia y los derechos humanos deben ser tan importantes como las que se libran en las pistas y canchas.

Los logros de París 2024 deben ser celebrados, sí, pero también debemos aprender de sus errores y trabajar para que en el futuro, los Juegos sean verdaderamente una celebración de lo mejor de nosotros, tanto dentro como fuera del terreno de juego.

Por: Roberto Flores Piña

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