ALCOHOLIZADAMENTE FELICES

Cuando los vicios se adentran en nuestras vidas, dejamos de concebir la realidad tal como la conocemos. Lo que parece ser un respiro momentáneo, un escape a las presiones diarias, puede rápidamente convertirse en un laberinto sin salida. Lo digo por experiencia, porque me ha tocado ver cómo esos momentos de aparente felicidad se transforman en cadenas que nos atan al abismo.

En México, el consumo de alcohol y otras sustancias es una problemática que está profundamente arraigada en nuestra sociedad. Según la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2017, más del 70% de la población mayor de 18 años ha consumido alcohol alguna vez en su vida. Lo alarmante no es solo el alto porcentaje, sino que 1 de cada 3 personas presenta un consumo excesivo. Estos números no son solo estadísticas frías; son vidas, historias, familias desmoronándose lentamente, atrapadas en una ilusión de felicidad.

Pero no solo es el alcohol. La marihuana y otras drogas también se han abierto paso en nuestra sociedad. El 10.3% de los mexicanos ha consumido alguna droga ilegal al menos una vez en su vida, y aunque pueda parecer un porcentaje pequeño, detrás de cada caso hay una historia de dolor, de malas decisiones, de falta de control emocional. Aquí es donde radica uno de los mayores problemas: la incapacidad de manejar nuestras emociones es un detonante clave para caer en estos vicios. Vivimos en una sociedad donde, muchas veces, se nos enseña a esconder el dolor en lugar de enfrentarlo.

Nuestra manera de crecer, el entorno en el que nos desarrollamos, todo eso nos moldea y nos empuja hacia un futuro donde nuestras decisiones se ven afectadas. De niños malcriados a adolescentes rebeldes, muchos de nosotros caminamos hacia la adultez cargando patrones destructivos que, si no corregimos, nos convierten en adultos disfuncionales, narcisistas que vagan por los caminos de la mediocridad, culpando a otros de nuestras desgracias.

Las cifras son claras. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2022, el 30% de los jóvenes mexicanos entre 18 y 29 años señalaron haber tenido problemas de salud mental, muchos de los cuales se relacionan con el consumo de sustancias. Estas estadísticas no hacen más que confirmar una verdad que todos sabemos pero que pocos se atreven a enfrentar: nuestra incapacidad para tomar las riendas de nuestras vidas.

Porque, aunque duela, hay un momento en el que debemos hacernos cargo de nuestros pensamientos, emociones y acciones. Reconocer nuestros errores puede ser el primer paso para mejorar, pero qué difícil es admitir que estamos equivocados. Aceptar la responsabilidad de nuestras decisiones es incómodo, doloroso incluso, pero necesario.

El dilema radica precisamente en esto: la mayoría de las personas vive toda su vida equivocada, sin darse cuenta. Nos perdemos en la negación, en esa comodidad de no cuestionarnos, de no mirar hacia adentro. Sin embargo, solo cuando enfrentamos esa realidad, cuando aceptamos nuestras fallas, podemos empezar a construir un camino diferente.

La lucha contra los vicios, ya sean sustancias, comportamientos o patrones emocionales, no es fácil. Pero es una batalla que debemos librar, porque, al final, solo nosotros tenemos el poder de transformar nuestras vidas. La felicidad, esa verdadera felicidad, no está en el fondo de una botella ni en la evasión de nuestros problemas. Está en la capacidad de enfrentar nuestra realidad con valentía y responsabilidad.

Por: Angel Flores

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