Cada septiembre, los colores patrios inundan las calles y las plazas de México. Bandas de música, fuegos artificiales y el eco del «¡Viva México!» resuenan por todos los rincones del país. Es un mes en el que la irreverencia de ser mexicano sale a flote, y muchos de nosotros nos «disfrazamos de mexicanos». Sin embargo, septiembre no solo marca la conmemoración de nuestra independencia; también es un recordatorio de nuestra capacidad de esfuerzo, dedicación y perseverancia para sacar adelante a nuestras familias a pesar de las dificultades.
En el México de hoy, los estereotipos sobre lo que significa ser mexicano abundan. Algunos nos llaman «nuestro propio peor enemigo», mientras que otros resaltan la solidaridad que emerge en tiempos de crisis. Estas ideas contradictorias no son exclusivas de nuestra nacionalidad, pero sin duda nos definen. Sin embargo, hay algo que nadie puede negar: ser mexicano es sinónimo de ser trabajador. No importa lo que las redes sociales nos intenten imponer con estereotipos modernos, la realidad es clara.
México es un país que se mueve. Solo hay que subirse al transporte público y observar: millones de mexicanos se levantan cada mañana con un objetivo común, ganarse el sustento para sobrevivir. Según datos del INEGI, el 57% de la población económicamente activa está en el sector informal, lo que significa que millones de mexicanos luchan día a día para llevar pan a sus mesas sin la seguridad de un empleo fijo o prestaciones laborales. No se puede negar, México sobrevive gracias a su gente trabajadora.
Pero, ¿qué hay detrás de este ímpetu? Lamentablemente, en nuestro país muchas veces se lucha por dinero y no por sueños. Las metas y aspiraciones personales quedan rezagadas en un entorno donde la prioridad es salir adelante. Este es el coraje y la gallardía que nos caracteriza: la capacidad de renunciar a los sueños para sobrevivir en un país que pocas veces nos reconoce.
Es doloroso admitirlo, pero ser mexicano ha dejado de ser solo un motivo de celebración y orgullo patrio; se ha convertido en un símbolo de lucha constante. A pesar de las adversidades, seguimos de pie, resistiendo, trabajando y, en muchos casos, sacrificando nuestros deseos más profundos por un bien mayor: la estabilidad de nuestras familias. Ese es el verdadero «grito de guerra» de México.
Ser mexicano significa enfrentar una batalla diaria. Luchamos contra la desigualdad, la falta de oportunidades y la precariedad. Según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), casi el 40% de la población mexicana vive en condiciones de pobreza. Pero incluso en medio de esta realidad, seguimos avanzando, porque rendirse no es una opción.
Así que, mientras levantamos la bandera y gritamos «¡Viva México!» en estas fiestas patrias, recordemos que no solo celebramos nuestra historia de independencia. También celebramos nuestra lucha diaria por sobrevivir y, en muchos casos, prosperar. Ser mexicano es un orgullo, no por la perfección, sino por nuestra capacidad de seguir adelante, de trabajar incansablemente y de, aunque a veces sea a costa de nuestros sueños, nunca dejar de luchar.
Este septiembre, celebremos no solo la independencia, sino también el coraje y la perseverancia que define lo que significa ser mexicano.
Por: Angel Flores
