EL COSTO DE AMAR POR MIEDO A LA SOLEDAD

Por Ángel Flores

En una sociedad como la de Hidalgo, profundamente arraigada en tradiciones familiares y sociales, el matrimonio sigue siendo un hito que define la vida adulta. Para muchos, casarse o tener una pareja estable no solo es un objetivo, sino una obligación implícita. Pero, ¿qué ocurre cuando el miedo a la soledad reemplaza al amor como motor de estas decisiones?

En México, un país donde aún persisten ideas tradicionales sobre la familia, la soltería a menudo se percibe como un estado transitorio o, peor aún, un fracaso. Según el INEGI, en 2022 se registraron 32 divorcios por cada 100 matrimonios, y aunque estas cifras pueden atribuirse a muchas causas, la insatisfacción emocional es una constante. En estados como Hidalgo, donde las comunidades están muy interconectadas, las expectativas sociales pueden ejercer una presión aún mayor para “formalizar” relaciones, incluso si estas carecen de un sustento emocional sólido.

El problema no es el matrimonio en sí, sino la razón detrás de él. Entrar en una relación por miedo a estar solo puede generar dinámicas tóxicas, dependencia emocional y una pérdida de identidad personal. La idea de que “más vale mal acompañado que solo” sigue siendo una narrativa peligrosa, transmitida de generación en generación. Es una creencia que empuja a las personas a conformarse con relaciones insatisfactorias que, en muchos casos, se convierten en trampas emocionales.

Las consecuencias de estas decisiones van más allá de la pareja. Los hijos, criados en hogares disfuncionales, son los principales afectados. Según UNICEF, el 55% de los niños expuestos a conflictos constantes en casa desarrollan problemas emocionales o de conducta. En comunidades como las de Hidalgo, donde las familias suelen ser numerosas y cercanas, los efectos se expanden como ondas en el agua: impactan a abuelos, tíos y hasta amigos cercanos.

Además, las mujeres suelen ser las más perjudicadas en estas relaciones. En un estado donde el 34% de las mujeres reportaron haber sufrido algún tipo de violencia en el hogar (ENDIREH, 2021), es evidente que el peso de las expectativas de género puede llevarlas a soportar relaciones insalubres por temor al estigma de la soltería.

Es necesario cambiar la narrativa. Estar solo no debería verse como un defecto, sino como una oportunidad para conocerse, crecer y establecer relaciones desde la independencia emocional, no desde la necesidad. Las comunidades en Hidalgo —y en todo México— deben avanzar hacia una visión más abierta y empática de la soltería y el matrimonio, donde la decisión de estar con alguien sea genuinamente libre y no impulsada por la presión social.

El matrimonio es una institución valiosa, pero solo cuando se construye sobre bases de respeto mutuo y amor real. De lo contrario, no es más que una jaula disfrazada de promesa. En un mundo donde la soledad es tan temida, es importante recordar que el peor tipo de soledad es la que se siente al lado de alguien que no nos hace felices.

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