EL CASO DIEGO “N” Y EL VACÍO LEGAL EN MÉXICO
En un país donde la violencia digital es una realidad creciente, el caso de Diego «N», exalumno del Instituto Politécnico Nacional (IPN), representa un momento clave en la lucha contra este tipo de delitos. Acusado de manipular imágenes de compañeras con inteligencia artificial para crear contenido íntimo que luego comercializaba, Diego «N» enfrenta cargos por trata de personas, en lo que podría ser un caso emblemático en el uso de la Ley Olimpia.
Un Crimen con Raíces Tecnológicas
Diego «N» habría utilizado herramientas avanzadas de inteligencia artificial para alterar fotografías de sus compañeras, sin su consentimiento, generando imágenes con contenido sexual explícito. Según las investigaciones, este contenido fue vendido en redes sociales y plataformas digitales, exponiendo a las víctimas al acoso y la revictimización.
El caso no solo pone de manifiesto las amenazas que implica el uso indebido de la tecnología, sino también la falta de regulación efectiva para prevenir este tipo de abusos en México.
El Contexto Legal: Avances y Retos
Pese a la promulgación de la Ley Olimpia, diseñada específicamente para combatir la violencia digital, las estadísticas son desalentadoras. De acuerdo con el INEGI, solo el 3% de los casos denunciados por delitos digitales llegan a juicio, y menos del 1% culmina en una sentencia condenatoria.
En este caso, Diego «N» ha sido vinculado a proceso, pero la investigación complementaria se extenderá por al menos dos meses más. Además, las víctimas han denunciado hostigamiento por parte de allegados al acusado, lo que expone fallas en la protección de quienes se atreven a denunciar.
Impacto Social y Cultural
La violencia digital en México afecta desproporcionadamente a las mujeres. Según colectivos feministas, casos como el de Diego «N» evidencian una cultura de impunidad y la necesidad urgente de fortalecer tanto las leyes como su aplicación.
El desenlace de este juicio podría sentar un precedente importante para combatir la violencia de género en el entorno digital. Sin embargo, también subraya la necesidad de estrategias integrales que incluyan educación, regulación tecnológica y apoyo efectivo a las víctimas.
