El salario mínimo en México tendrá un incremento del 12% a partir del 1 de enero de 2025. Esto significa que los trabajadores en gran parte del país percibirán 278.80 pesos diarios, mientras que en la Zona Libre de la Frontera Norte ascenderá a 419.88 pesos. Este ajuste beneficiará directamente a unos 8.5 millones de trabajadores, y se presenta como parte de un esfuerzo por mejorar las condiciones laborales y combatir las desigualdades salariales históricas.
Sin embargo, surge una pregunta clave: ¿este aumento será suficiente para que los mexicanos puedan enfrentar el aumento constante de precios y satisfacer sus necesidades básicas? Para responder, es necesario analizar el contexto económico y financiero del país, así como las proyecciones de inflación y su impacto en el poder adquisitivo.
Inflación y su Impacto en el Poder Adquisitivo
Las estimaciones más recientes sugieren que la inflación en México podría cerrar el año 2025 en torno al 3.5% al 4%, una desaceleración en comparación con los picos observados durante la pandemia y sus secuelas económicas. A pesar de esta moderación, el costo de bienes y servicios básicos sigue siendo elevado, afectando principalmente a los hogares con ingresos bajos y medios, que destinan una mayor proporción de su presupuesto a satisfacer necesidades esenciales como alimentación, vivienda y transporte.
Si bien el aumento salarial busca compensar la pérdida de poder adquisitivo acumulada durante años, la realidad es que el incremento del 12% podría diluirse frente a una inflación persistente. En términos reales, los trabajadores sólo percibirían un aumento efectivo de alrededor del 8%, lo que podría ser insuficiente para cubrir los costos de una canasta básica ampliada, que incluye no sólo alimentos, sino también servicios esenciales como salud, educación y transporte.
El Contexto Económico: Crecimiento y Retos
Además del impacto directo de la inflación, la economía mexicana enfrenta retos significativos. Para 2025, se espera que el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) sea apenas del 1%, lo que refleja una desaceleración económica marcada. Este escenario plantea un problema adicional: la generación de empleos formales podría ser limitada, lo que dejaría a muchos trabajadores en condiciones de precariedad laboral o en la economía informal, donde no se benefician del salario mínimo establecido ni de otras prestaciones legales.
Otro punto crítico es el endeudamiento de las familias mexicanas, que ha ido en aumento en los últimos años. Muchas familias han tenido que recurrir a créditos para cubrir gastos básicos, lo que limita su capacidad de ahorro y las deja vulnerables ante cualquier crisis económica o incremento imprevisto en los precios.
¿Qué Más Hace Falta?
El incremento del salario mínimo, aunque significativo, no puede ser la única medida para mejorar el bienestar de la población. Es urgente que se implementen políticas públicas complementarias que aborden los problemas estructurales de la economía mexicana. Entre estas políticas se incluyen:
1. Promoción de la productividad: Fomentar inversiones en sectores clave que generen empleos de calidad y mejor remunerados.
2. Formalización del empleo: Reducir la economía informal, que afecta a más del 50% de la población económicamente activa.
3. Control efectivo de la inflación: Asegurar la estabilidad de precios mediante políticas monetarias y fiscales coherentes.
4. Acceso a servicios públicos: Mejorar la calidad y accesibilidad de servicios como salud, educación y transporte, que representan una carga importante para los ingresos familiares.
El aumento al salario mínimo para 2025 es, sin duda, un paso importante hacia la justicia laboral y la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores en México. Sin embargo, por sí solo no resolverá los problemas estructurales que afectan a millones de mexicanos. Mientras la inflación siga siendo una amenaza y el crecimiento económico permanezca estancado, las familias mexicanas continuarán enfrentando dificultades para satisfacer sus necesidades básicas.
Es fundamental que el gobierno, las empresas y la sociedad trabajen en conjunto para diseñar soluciones sostenibles que combinen aumentos salariales con políticas integrales que fomenten el desarrollo económico, la equidad y el bienestar general de la población. Solo así será posible garantizar un futuro más prometedor para los trabajadores de México.
Por: Angel Flores
