Por: Luis Roberto Flores Islas
La ciudad de Pachuca enfrenta un problema creciente de inseguridad y desorden urbano que afecta directamente a los conductores y peatones que transitan por sus principales intersecciones viales. El fenómeno de los limpiadores de parabrisas, que operan de manera ilegal en los semáforos y cruceros de la ciudad, se ha convertido en una de las preocupaciones más urgentes para los ciudadanos. Este colectivo, que en muchos casos está vinculado a situaciones de vulnerabilidad social, no solo realiza un trabajo precario y mal hecho, sino que también ha generado un ambiente de hostilidad e inseguridad para quienes se ven obligados a interactuar con ellos.
Uno de los aspectos más alarmantes de este problema es la actitud agresiva de los limpiadores cuando los conductores deciden no pagar una «propina» por el servicio. Aunque muchos de ellos aseguran que esta práctica es voluntaria, lo cierto es que la presión ejercida por los limpiadores es cada vez mayor. Al no permitirles limpiar el parabrisas, los conductores se enfrentan no solo a una serie de amenazas verbales, sino también a agresiones físicas en casos extremos. De hecho, se han registrado incidentes en los que los limpiadores de parabrisas han llegado a herir a personas con objetos punzocortantes, un comportamiento que pone en riesgo la seguridad tanto de los conductores como de los peatones.
Además del abuso y las agresiones, el trabajo que realizan estos limpiadores es, en la mayoría de los casos, deficiente. Utilizan productos de limpieza de baja calidad, que a menudo no solo no cumplen con su propósito, sino que terminan por dañar la carrocería y los cristales de los vehículos. En muchos casos, los conductores se ven obligados a pagar una «propina» por un trabajo mal hecho, que además deja huellas de suciedad y manchas en el vehículo, lo que agrava aún más la situación. Esta práctica no solo es un fraude para los conductores, sino que también pone en evidencia la falta de regulación y control por parte de las autoridades locales.
A la situación se le suman otros factores como el consumo de sustancias enervantes por parte de algunos de estos trabajadores, lo que empeora aún más la situación. Muchos conductores reportan que algunos limpiadores parecen estar bajo el efecto de drogas, lo que genera incertidumbre y temor al interactuar con ellos. La presencia de estas personas en las intersecciones no solo representa un problema de inseguridad, sino también un riesgo para la salud pública.
Este fenómeno, que comenzó como una actividad marginal, ha ido tomando cada vez más fuerza y ha llegado a convertirse en un verdadero desafío para las autoridades de Pachuca. Los ciudadanos exigen que se tomen medidas urgentes para erradicar este problema, que afecta tanto la seguridad como el bienestar de la comunidad. Es imperativo que el alcalde Jorge Reyes, en colaboración con las fuerzas de seguridad y las autoridades competentes, actúe de manera firme y efectiva para regular esta actividad, sancionar a quienes la practiquen de manera ilegal y garantizar la seguridad de los ciudadanos.
La solución no pasa solo por la represión, sino también por la creación de alternativas que ofrezcan oportunidades laborales dignas a aquellas personas que se ven obligadas a realizar este tipo de actividades. Pero, mientras tanto, la prioridad debe ser la seguridad de los ciudadanos y la erradicación de un problema que ya no puede seguir ignorándose.
Es momento de que las autoridades asuman su responsabilidad y actúen con la misma firmeza con la que se enfrentan otros problemas de seguridad pública en la ciudad. Los ciudadanos de Pachuca ya no pueden circular con el miedo de ser agredidos o estafados cada vez que se detienen en un semáforo. La ciudad merece ser un lugar seguro para todos.
