Cada 6 de enero, millones de niños en México despiertan con la ilusión de descubrir qué regalos les dejaron los Reyes Magos. Para ellos, es una celebración mágica; pero para miles de familias, especialmente aquellas que enfrentan dificultades económicas, es también una fecha marcada por el sacrificio y la lucha silenciosa de los padres.
Según el CONEVAL, más del 43% de la población mexicana vive en pobreza, lo que equivale a más de 55 millones de personas, incluidos 17 millones de niños y adolescentes. En este contexto, para muchas familias, garantizar un regalo en esta fecha representa un esfuerzo que va más allá de sus posibilidades. Mientras que la Cámara Nacional de Comercio estima que el gasto promedio por niño en esta celebración es de 2,200 pesos, para quienes viven al día, esto puede significar meses de ahorro, recurrir a créditos o incluso prescindir de necesidades básicas como alimentos o servicios.
El sacrificio de los padres en esta fecha no es solo económico, sino también emocional. Para muchos, no poder cumplir las expectativas de sus hijos se traduce en una sensación de fracaso o impotencia. A pesar de estas dificultades, miles de madres y padres buscan alternativas: desde fabricar juguetes caseros hasta regalar pequeños detalles simbólicos que, aunque modestos, llevan consigo el mensaje más poderoso de todos: el amor incondicional hacia sus hijos.
En comunidades rurales y zonas marginadas, donde la pobreza extrema afecta al 9.9% de los niños, el sacrificio adquiere un significado aún más profundo. Ahí, un juguete hecho a mano, un dulce o incluso un abrazo lleno de palabras de aliento se convierten en los únicos regalos posibles. Estos actos de amor demuestran que, más allá del aspecto material, el verdadero regalo es el esfuerzo por preservar la ilusión en medio de la adversidad.
Además, este sacrificio no termina con el Día de Reyes. Los padres que se endeudan o comprometen recursos para cumplir con esta tradición deben enfrentarse a semanas o meses de ajustes económicos, sacrificando otras necesidades para pagar lo que la magia de esa mañana costó.
Es importante como sociedad reconocer y valorar este esfuerzo. En lugar de juzgar a quienes no pueden dar grandes regalos, debemos reflexionar sobre las enormes desigualdades que generan estas situaciones y fomentar la solidaridad y empatía. Es necesario también recordar que los niños valoran más el tiempo, el afecto y el ejemplo de sus padres que los objetos materiales.
Los Reyes Magos no solo representan regalos, sino un acto de fe, esperanza y amor que se traduce en los sacrificios silenciosos de millones de padres. Al final, el mayor regalo que un padre puede dar no está en una caja, sino en el esfuerzo diario por construir un mejor futuro para sus hijos, lleno de oportunidades y sueños. Porque en cada sacrificio, ellos entregan algo invaluable: el poder de creer que, a pesar de las dificultades, siempre habrá algo que esperar con ilusión.
Por: Roberto Flores Piña
EL SACRIFICIO DETRÁS DE LA MAGIA DE LOS REYES MAGOS
