LA CORRUPCIÓN E INSEGURIDAD VIAL EN PACHUCA UN EXAMEN DE CONCIENCIA Y RESPONSABILIDAD

Por Luis Roberto Flores Islas

Pachuca, la capital de Hidalgo, ha sido conocida por muchos como una ciudad tranquila y pintoresca, pero para quienes la recorren a diario, sobre todo en horas pico, la realidad es otra. La creciente inseguridad vial y el caos del tráfico son temas de conversación constante entre los habitantes, y lo que pocos saben es que parte de este problema tiene su origen en un aspecto fundamental: el proceso de obtención de licencias de conducir.

En los últimos años, se ha destapado una serie de denuncias y testimonios que apuntan a la corrupción dentro de la Dirección de Tránsito de Pachuca, especialmente en lo que respecta al trámite de las licencias de conducir. Los exámenes de conducción, que deberían ser un filtro riguroso para garantizar que los conductores sean aptos para manejar con seguridad en las calles, han dejado de cumplir con su propósito. Se ha informado en diversas ocasiones que los oficiales encargados de aplicar el examen son propensos a aceptar sobornos para “aprobar” a conductores que no cumplen con los requisitos mínimos. Así, quienes no saben manejar ni tienen la capacidad para reconocer las normas básicas de tránsito logran obtener su licencia, poniendo en riesgo la seguridad de todos.

El lugar donde se lleva a cabo este examen es el estadio Hidalgo, un espacio que podría parecer adecuado a simple vista, pero que está lejos de ser el entorno ideal para evaluar las habilidades de los aspirantes a conductores. Los ejercicios de manejo, que se limitan a maniobras señaladas solo por conos, no logran cubrir todos los aspectos necesarios para asegurar que una persona tiene la preparación suficiente para circular con responsabilidad. El examen no solo carece de un campo adecuado para evaluar maniobras más complejas, sino que también está completamente desprovisto de apartados psicométricos, esenciales para detectar posibles problemas de conducta o psicología que puedan poner en peligro a otros en la vía pública.

El resultado de esta precariedad es claro: un municipio lleno de malos conductores que no conocen las reglas esenciales de tránsito. Muchos no saben cómo circular en una glorieta, no ceden el paso cuando corresponde, ni respetan los límites de velocidad. Este déficit en la formación de los conductores no solo pone en peligro a los demás usuarios de la vía, sino que crea un ambiente de total desconfianza entre los ciudadanos. A menudo, los conductores se sienten obligados a estar siempre alerta, pues nunca se sabe si el automóvil que te adelanta lo hace de manera correcta o es un conductor sin la capacitación necesaria.

Este problema se amplifica aún más durante las horas pico, cuando el caos vehicular se hace más evidente. Las calles de Pachuca y sus alrededores, lejos de ser espacios de tránsito organizado, se convierten en verdaderos campos de batalla. Los embotellamientos interminables, las maniobras imprudentes y la constante sensación de inseguridad son una constante que afecta tanto a los conductores como a los peatones. Los accidentes y las infracciones son más comunes de lo que deberían ser en una ciudad de este tamaño, y no es difícil imaginar que muchas de estas situaciones se deben a la falta de preparación básica de los conductores.

La responsabilidad no solo recae en aquellos que obtienen licencias fraudulentas o deficientes, sino también en las autoridades encargadas de garantizar la seguridad vial. El sistema de licencias de Pachuca necesita una revisión urgente. Se deben implementar exámenes más rigurosos y espacios adecuados para poner a prueba las habilidades de los aspirantes a conductores. Además, es imprescindible que se combata la corrupción de raíz, asegurando que los oficiales encargados de aplicar estos exámenes sean verdaderos garantes de la seguridad vial y no simplemente actores que intercambian su ética por dinero.

Si Pachuca quiere realmente salir de este ciclo de caos vial y corrupción, debe tomar medidas inmediatas. De lo contrario, la ciudad seguirá siendo un riesgo latente para quienes se aventuran a conducir o simplemente caminar por sus calles. La seguridad vial no es solo un problema de infraestructura o tráfico, es una cuestión de responsabilidad y compromiso con la vida de los demás. Es hora de que las autoridades tomen en serio el proceso de otorgamiento de licencias y, con ello, la seguridad de todos los habitantes de Pachuca.

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