Las relaciones entre México y Estados Unidos han entrado en una nueva fase de tensión tras el reciente aumento de vuelos militares estadounidenses en la frontera. Estas operaciones, justificadas como parte de la lucha contra el narcotráfico, han generado inquietud en la administración de Claudia Sheinbaum, que busca esclarecer los alcances de estas acciones y evitar posibles violaciones a la soberanía nacional.
Según informes del Pentágono, en los últimos dos meses se han realizado al menos 18 vuelos de reconocimiento en la frontera con México. Sin embargo, el gobierno mexicano solo reconoce dos de estas misiones, llevadas a cabo el 31 de enero y el 3 de febrero, asegurando que se realizaron en aguas internacionales cerca de Baja California y Sinaloa. La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) ha confirmado que estos sobrevuelos no violaron el espacio aéreo mexicano, aunque no ha descartado que pudieran tener fines de inteligencia.
La presidenta Sheinbaum ha adoptado una postura cautelosa, declarando que estos sobrevuelos «no nos alarman», pero que se solicitará información adicional a las autoridades estadounidenses. Mientras tanto, sectores políticos y expertos en seguridad han señalado que este tipo de acciones reflejan una tendencia preocupante: la falta de coordinación y consulta previa por parte de Washington en temas de seguridad compartida.
¿Seguridad o espionaje?
Estados Unidos ha intensificado sus operativos de vigilancia en la frontera, argumentando que busca frenar el tráfico de fentanilo y otros narcóticos. Como parte de acuerdos bilaterales, México ha desplegado a 10,000 efectivos de la Guardia Nacional en la región norte del país, pero la falta de información clara sobre los objetivos reales de estos vuelos ha generado suspicacias.
Más allá de los tecnicismos legales, la realidad es que estas acciones unilaterales han sido percibidas por algunos como una posible intromisión en asuntos de seguridad nacional. No es la primera vez que Estados Unidos implementa estrategias sin consulta con México, lo que genera dudas sobre si se trata realmente de una cooperación en la lucha contra el narcotráfico o si hay otros intereses en juego.
El desafío para Sheinbaum
El manejo de esta situación es una prueba clave para el gobierno de Claudia Sheinbaum. Su respuesta definirá no solo la relación con Estados Unidos, sino también la percepción de su liderazgo en política exterior. Mientras la Casa Blanca mantiene su postura de endurecer la vigilancia en la frontera, México enfrenta una disyuntiva: exigir mayor transparencia y cooperación o seguir tolerando este tipo de acciones que, para muchos, representan una amenaza a la soberanía nacional.
En los próximos días, se espera que ambos países sostengan reuniones diplomáticas para abordar la situación. La gran pregunta es si México logrará establecer una negociación en igualdad de condiciones o si estos sobrevuelos seguirán ocurriendo sin previo aviso, en una dinámica que recuerda demasiado a episodios históricos de intervención extranjera.
