INDIGNACIÓN EN CHIAPAS POR LA MUERTE DE TRES NIÑOS TRAS CONSUMIR PAN ENVENENADO

México enfrenta una crisis de incompetencia en la gestión pública. La tragedia ocurrida en San Cayetano, Chiapas, donde tres niños murieron tras consumir pan envenenado que fue arrojado para eliminar perros callejeros, es un brutal recordatorio de lo que sucede cuando personas sin preparación ni sensibilidad ocupan cargos de poder.


Los hechos son inaceptables desde cualquier ángulo: en pleno siglo XXI, un grupo de funcionarios creyó que la mejor solución para la sobrepoblación de perros callejeros era esparcir veneno en la vía pública. No solo tomaron una decisión cruel, sino que lo hicieron sin prever las consecuencias para la comunidad. El resultado: tres menores de edad muertos y una indignación nacional que no debería apagarse con un par de detenciones.

Este caso no es una excepción, sino una muestra de un problema estructural: en México, es común que los puestos en gobiernos municipales, estatales e incluso federales sean ocupados por individuos cuya única credencial es la lealtad política o el compadrazgo. No importa si no tienen experiencia en administración pública, conocimiento de derechos humanos o capacidad para tomar decisiones informadas. Lo que importa es que respondan a intereses particulares y sigan órdenes sin cuestionarlas.

La gestión de problemas sociales y ambientales requiere análisis, planificación y ética. La sobrepoblación de perros callejeros, por ejemplo, es una realidad en muchas partes del país, pero su solución pasa por campañas de esterilización, adopción y educación, no por medidas medievales que ponen en riesgo la vida de los ciudadanos. Sin embargo, esperar que funcionarios sin preparación consideren alternativas viables es una utopía en un país donde los cargos públicos se reparten como favores.

Los responsables de esta tragedia deben rendir cuentas, pero más allá del castigo, es necesario replantear el acceso a los cargos públicos. México necesita servidores públicos con formación, con verdadera vocación y con un compromiso con el bienestar de la gente. De lo contrario, seguiremos siendo testigos de tragedias absurdas, de decisiones criminales disfrazadas de “política pública” y de un país que sigue pagando con sangre el costo de la ineptitud de sus gobernantes.

Por: Roberto Flores Piña

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