LA SALUD MENTAL: BIENESTAR

La salud mental es uno de los conceptos más complejos y ambiguos de la actualidad. Este término es utilizado para referirse a diversos aspectos del bienestar humano, a nivel individual y social ha evolucionado en su significado y alcance. Comúnmente se asocia con trastornos psiquiátricos; un campo amplio, relacionado con la calidad de vida, las relaciones interpersonales y la adaptación al entorno.
El interés por la salud mental comenzó a tomar fuerza a principios del siglo XX, impulsado por el Movimiento de Higiene Mental liderado por Clifford Beers, un expaciente psiquiátrico estadounidense que buscaba promover la mejora de las condiciones de tratamiento de los enfermos mentales. Esta iniciativa fue clave en el desarrollo de políticas públicas que integraron la salud mental dentro de la salud pública, a lo largo de los años, ha tomado más relevancia tanto en el ámbito académico como en la vida cotidiana. El Movimiento marcó el inicio de un largo proceso de inclusión de la salud mental en el discurso científico, social y político, pero aún hoy en día no existe una definición consensuada que abarque toda su complejidad.
El auge de la salud mental en la postguerra fue notable. En 1946, se fundó en Londres la Mental Health Association y dos años después se celebró el Primer Congreso Internacional de Salud Mental. Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó la salud mental en su agenda desde sus inicios en 1948, reconociendo su importancia para el bienestar general. En 1950, la OMS presentó una definición que destacaba la armonía como uno de los principales componentes de la salud mental, especialmente en los difíciles años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Esta definición se complementó en 1958 con la famosa sistematización de salud mental positiva de la psicóloga social Marie Jahoda, cuyos criterios como la autoactualización, la autonomía y la integración personal— siguen siendo influyentes hoy en día.
La comprensión de este término aun es fragmentada y muchas veces superficial. La salud mental ha sido apropiada, no solo desde la psicología y la psiquiatría, sino también desde la filosofía, la antropología, la política y la salud pública. Estas perspectivas contribuyen a una visión dispersa y a menudo contradictoria sobre lo que realmente significa estar mentalmente sano.
La OMS adoptó el lema «No hay salud sin salud mental», enfatiza la interdependencia entre el bienestar físico y el psicológico. Si bien esta afirmación, refleja un cambio de paradigma importante: la salud ya no puede ser concebida únicamente desde la esfera biológica, sino que debe incluir también los aspectos psicológicos y sociales del individuo.

Si bien la salud mental escapa a una definición exacta, su relevancia es indiscutible. Tal vez, como sugieren algunos pensadores, lo importante no sea tanto definirla de manera rígida, sino reconocerla como la dimensión humana de la salud, aquello que nos permite funcionar no solo como seres biológicos, sino como individuos insertos en un contexto social. En este sentido, podría entenderse como la capacidad de adaptarse, de encontrar un equilibrio personal y social, y de contribuir de manera significativa a la comunidad.
Es un campo de constante transformación, donde los discursos y las prácticas deben ser flexibles y respetuosos de la experiencia subjetiva de las personas. La reflexión crítica sobre la salud mental, lejos de ser un ejercicio académico aislado, debe estar vinculada a la vida cotidiana, a las luchas por la justicia social y a la construcción de un mundo más equitativo y humano.

Por: Vianey Esparza Mejía

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