Las viviendas dignas en México se han convertido en uno de los mayores tesoros para la sociedad actual, no solo por lo difícil que es obtener acceso a una hoy en día, sino también por la precariedad en su infraestructura. Han quedado atrás aquellas casas con patios amplios y espacios generosos. En su lugar, han surgido viviendas extremadamente pequeñas y, en muchos casos, casas dúplex que, lejos de ser una solución efectiva, solo reflejan la crisis inmobiliaria que atraviesa el país.
Estas casas han proliferado como respuesta al alto costo de la vivienda en México, donde muchas familias, especialmente aquellas de la clase obrera, se ven confinadas a estos espacios debido a que sus créditos INFONAVIT no les permiten acceder a mejores opciones. Sin embargo, más que una alternativa digna, estas construcciones responden a una lógica de maximización de ganancias por parte de las constructoras, que priorizan el beneficio económico sobre el bienestar de las familias.
Uno de los principales problemas surge cuando una de las partes decide ampliar su vivienda sin consultar a la otra. Al compartir muros, cimientos o infraestructura común, cualquier cambio estructural puede afectar la estabilidad del inmueble o generar daños en la propiedad contigua. Esto no solo acarrea disputas entre vecinos, sino que puede derivar en problemas legales que dificulten la venta o escrituración del bien en el futuro.
Además, la normativa municipal establece restricciones claras sobre modificaciones en viviendas de este tipo. Muchas veces, las ampliaciones exceden los límites de construcción permitidos o alteran el uso de suelo, lo que puede resultar en sanciones económicas o, en casos extremos, en la demolición de la parte ampliada. Sin embargo, en la práctica, muchos propietarios optan por hacer modificaciones sin permisos, generando un entorno de irregularidad que perjudica a todos los involucrados.
Más allá de lo legal, el aspecto social también es un factor clave. Las casas dúplex están diseñadas para una convivencia equilibrada, y cualquier modificación puede romper ese balance. Ampliaciones que invaden espacios comunes, cambios en la fachada que afectan la estética del conjunto o la instalación de estructuras adicionales que bloquean la iluminación y ventilación pueden desencadenar tensiones innecesarias. En algunos casos, lo que inicia como una ampliación aparentemente inofensiva termina en disputas vecinales irreconciliables.
Es evidente que la falta de una política de vivienda realmente enfocada en las necesidades de la población ha generado este problema. Se construyen viviendas más pequeñas y en condiciones desfavorables porque el acceso a una casa adecuada se ha vuelto un privilegio en lugar de un derecho. Mientras los precios sigan en aumento y las opciones accesibles sigan reduciéndose, las familias seguirán viéndose obligadas a habitar estos espacios limitados, donde las modificaciones improvisadas no son un lujo, sino una necesidad.
Por ello, las casas dúplex deberían mantenerse en su estado original o, en caso de requerir modificaciones, estas deberían ser planeadas de manera conjunta y con la asesoría de expertos. Antes de ampliar, es fundamental analizar no solo la viabilidad estructural y legal, sino también el impacto que tendrá en la convivencia y en la plusvalía del inmueble. Solo así se puede garantizar que este tipo de vivienda siga siendo una opción viable y armónica para sus habitantes.


Por: Roberto Flores Piña
