El futuro según la ciencia vs. la realidad en desarrollo
Por Angel Flores
Mientras científicos en países desarrollados proyectan un futuro gobernado por inteligencia artificial, energía limpia, exploración espacial y medicina de precisión, en naciones como México y gran parte del mundo en desarrollo la realidad parece estar atada al pasado, enfrentando retos estructurales que frenan el acceso y la adopción de estas innovaciones.
Los informes del Foro Económico Mundial estiman que para 2030, el 85% de los empleos más demandados serán aquellos que hoy no existen, muchos relacionados con la inteligencia artificial, la automatización, la robótica y la biotecnología. En contraste, según el INEGI, en México más del 56% de los trabajadores están en la informalidad, con bajo acceso a capacitación tecnológica o herramientas digitales. Mientras el mundo avanza a pasos acelerados hacia la Cuarta Revolución Industrial, millones de mexicanos aún luchan por acceder a servicios básicos o a una educación de calidad.
Esta brecha no es solo económica o tecnológica, sino también cultural. En muchas regiones de México, la conectividad a internet aún es limitada: solo el 75.6% de la población tiene acceso a la red, y en zonas rurales esta cifra cae drásticamente. Esto limita no solo la capacidad de las personas para integrarse a la economía digital, sino también su exposición a nuevas ideas, innovaciones y formas de entender el mundo.
Los científicos proyectan un mañana de vehículos autónomos, algoritmos que diagnostican enfermedades con mayor precisión que los médicos, e incluso el uso de tecnologías cuánticas para resolver problemas complejos en segundos. Estos avances no solo transformarán industrias, sino que cambiarán nuestra percepción de lo que es real, posible y deseable. Por ejemplo, la inteligencia artificial generativa ya está modificando la forma en que concebimos el arte, la escritura, la educación y el trabajo intelectual.
Sin embargo, en un país donde aún se discute la necesidad de vacunar a todos los niños o garantizar servicios de salud dignos, el choque entre el futuro proyectado y el presente vivido es inevitable. La pregunta clave es: ¿cómo podemos prepararnos sin quedarnos atrás?
Parte de la respuesta está en proteger y fomentar las nuevas tecnologías desde una perspectiva local. México necesita políticas públicas que incentiven la inversión en investigación y desarrollo que actualmente representa apenas el 0.31% del PIB, muy por debajo del promedio de la OCDE (2.7%), así como reformas educativas profundas que integren pensamiento crítico, ciencia y tecnología desde edades tempranas.
También es vital crear puentes entre científicos, emprendedores y comunidades. La tecnología no debe verse como algo lejano o elitista, sino como una herramienta para resolver problemas concretos: mejorar la producción agrícola, combatir la escasez de agua, fortalecer el sistema de salud y transparentar el ejercicio del poder.
El futuro llegará con o sin nosotros. La diferencia será si lo enfrentamos como meros espectadores o como protagonistas. Y para eso, hay que dejar de pensar que avanzar es un lujo y comenzar a entender que es una necesidad.
CIENCIA FICCIÓN PARA UNOS, SOBREVIVENCIA PARA OTROS
