LA ÚLTIMA CRUZADA DE FRANCISCO

La muerte del Papa Francisco marca el fin de una era que desafió las estructuras más arraigadas del Vaticano, no sin resistencias, contradicciones y silencios incómodos. Jorge Mario Bergoglio no fue un papa cualquiera; fue un pontífice incómodo para los sectores más conservadores de la Iglesia, un reformador que caminó entre la misericordia y la prudencia, y que deja tras de sí un legado tan profundo como inacabado.

Francisco rompió esquemas desde el primer día. Fue el primer papa latinoamericano, el primer jesuita en ocupar la silla de Pedro, y el primero en escoger el nombre del pobre de Asís como declaración de intenciones. Su papado se caracterizó por una constante lucha por devolverle al catolicismo una imagen menos autoritaria, más humana, más cercana a los excluidos. Se pronunció sobre temas como el cambio climático, el sistema económico global, la migración, e incluso se atrevió a cuestionar abiertamente el clericalismo que ha corrompido a la Iglesia desde dentro.

Un legado en transformación

Entre sus logros más significativos destacan:

La reforma de la Curia Romana, que buscó descentralizar el poder vaticano y darle mayor voz a las iglesias locales. Aunque los cambios estructurales fueron importantes, muchos analistas coinciden en que enfrentó resistencia interna que ralentizó su impacto real.

La apertura a temas sociales delicados, como la homosexualidad, el papel de la mujer y los divorciados vueltos a casar. Si bien no cambió la doctrina oficial, su tono pastoral fue mucho más inclusivo, provocando tensiones entre obispos más tradicionales.

El impulso a una Iglesia pobre para los pobres, abandonando símbolos de ostentación, limitando el boato papal y llevando el Evangelio a las periferias sociales y geográficas.

Su papel en la diplomacia internacional, interviniendo en procesos de paz como el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos, y abogando por soluciones pacíficas en conflictos como el de Siria o Ucrania.


Sin embargo, no todo fue luz. Francisco fue criticado por no actuar con mayor firmeza ante los escándalos de abuso sexual que siguen sacudiendo a la Iglesia. Aunque estableció mecanismos de rendición de cuentas, muchos consideran que sus acciones llegaron tarde o fueron insuficientes. Su mensaje profético se vio a veces opacado por la lentitud institucional que él mismo intentaba combatir.

Un mundo desconectado de la fe tradicional

Su muerte llega en un momento crítico. El mundo actual es cada vez más secular, fragmentado y escéptico ante las grandes instituciones. La Iglesia Católica pierde fieles en América Latina, sufre persecuciones en Asia y África, y lucha por no volverse irrelevante en Europa. En este contexto, Francisco intentó reencantar la espiritualidad desde la compasión más que desde la imposición.

Pero ¿cuánto de su impulso reformador sobrevivirá ahora que ya no está? ¿Se consolidará su visión o será desmontada por quienes veían su pontificado como una amenaza al orden natural del catolicismo? La elección de su sucesor, Juan Pablo III, será la primera prueba de fuego para saber si su legado fue una excepción carismática o el inicio de una transformación profunda.

Francisco fue, en esencia, un papa del conflicto, no porque lo provocara, sino porque se atrevió a mirar de frente a las heridas de la Iglesia y del mundo. Lo lloran millones, lo critican otros tantos, pero nadie puede negar que cambió el papado para siempre.

Por: Roberto Flores Piña

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