EL JUEGO, DERECHO Y MOTOR DEL DESARROLLO INFANTIL

Una reflexión en el Día del Niño


Por : Maurali Vianey esparza Mejía.

Cada 30 de abril, México celebra el Día del Niño y la Niña, fecha para reconocer la importancia de proteger y promover los derechos de la infancia. Representa una oportunidad invaluable para reflexionar sobre uno de los aspectos esenciales –y muchas veces subestimado– del desarrollo infantil: el juego.
De acuerdo con el trabajo académico “El juego como recurso educativo: teorías y autores de renovación pedagógica” de Natalia Alonso Arija, el juego es una actividad indispensable que potencia habilidades cognitivas, emocionales, físicas y sociales en las primeras etapas de la vida.
Desde la perspectiva psicológica y cognitiva, permite a los niños explorar el mundo que los rodea, resolver problemas, ejercitar su memoria y desarrollar la capacidad de concentración. Teóricos como Jean Piaget destacan que, a través del juego simbólico, los niños asimilan y adaptan la información, al construir estructuras mentales.
A nivel emocional actúa como un canal para expresar y procesar emociones. Ya sea al enfrentar un reto en un juego de mesa o dramatizar roles en un juego simbólico, los niños reconocen sus sentimientos, a desarrollan empatía y a construyen una identidad más fuerte. Fortalece la autoestima y la resiliencia infantil, para afrontar con seguridad los desafíos cotidianos.
Socialmente se cultivan habilidades esenciales como el respeto, la cooperación, la negociación y la resolución pacífica de conflictos. Jugar con otros niños implica compartir, seguir reglas y adaptarse a diversas personalidades y contextos. Estas experiencias nutren las competencias sociales necesarias para una vida adulta más empática y colaborativa.
Diversas corrientes pedagógicas mencionan la importancia del juego en la educación. Desde María Montessori, quien aboga por un aprendizaje basado en la autonomía del niño, hasta Rudolf Steiner y la pedagogía Waldorf, que destaca el juego libre como pilar del desarrollo emocional y espiritual. Célestin Freinet también lo integra como vehículo de expresión libre y trabajo colectivo.
En el contexto actual donde las agendas escolares y la digitalización tienden a restringir el tiempo para jugar, resulta urgente recuperar este derecho como parte esencial de la vida infantil. El Día del Niño no debería limitarse a una jornada de festejos, sino abrir espacios para repensar políticas educativas, urbanas y familiares que prioricen el juego como un derecho y una necesidad vital.
Celebrar el 30 de abril es, reconocer que el juego no es un lujo, sino una herramienta imprescindible para formar infancias sanas, felices y completas. Permitir que los niños jueguen es permitir que se desarrollen plenamente.

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