Por: Psic. Vianey Esparza
Crecer con una madre narcisista implica vivir en un entorno emocionalmente hostil que deja huellas profundas en la autoestima y las relaciones personales. La psicóloga Sandra Ribeiro, especialista en salud emocional femenina, analiza esta problemática en su portal.
Las madres narcisistas tienden a centrarse en sí mismas, buscando validación constante, ejercen control emocional y minimizan las necesidades de sus hijos. Este patrón puede deberse a traumas propios no resueltos, depresión, adicciones o una desconexión emocional que impide un vínculo saludable con sus hijos.
Este tipo de madre proyecta en sus hijos expectativas irreales, exige perfección y responde con crítica o indiferencia al no cumplirse sus deseos. El hijo aprende a ignorar sus propias emociones para satisfacer a su madre, lo que genera una baja autoestima y una percepción distorsionada de sí misma.
Los hijos desarrollan una hipervigilancia emocional, pendientes de cualquier señal de rechazo y tienden a complacer en exceso a los demás. Este patrón suele repetirse en la adultez a través de relaciones desequilibradas, dependencia emocional y dificultad para poner límites.
Su valor personal se basa en la validación externa, ya que nunca se les enseñó a sentirse suficientes por sí mismos. Esto se traduce en ansiedad, perfeccionismo y una necesidad constante de aprobación, incluso en contextos laborales o sociales.
Es fundamental priorizar las propias necesidades, aprender a decir “no” sin culpa y evitar relaciones que reproduzcan patrones de abuso emocional. La psicoterapia se convierte en un recurso clave, ya que permite abordar heridas profundas en un entorno seguro y guiado.
Reconstruir la relación con uno mismo es otro de los pilares. Cambiar la voz interior crítica por una narrativa compasiva y realista ayuda a fortalecer la autoestima. La sanación no es inmediata, pero cada paso consciente hacia el autocuidado representa un acto de valentía y transformación personal.
En definitiva, ser hijo de una madre narcisista no define a una persona, pero sí explica muchas heridas emocionales. Reconocerlo y buscar ayuda profesional puede marcar la diferencia entre repetir el ciclo o construir una vida basada en el respeto, autonomía y el amor propio.
El impacto emocional de crecer con una madre narcisista: una mirada desde la psicología
Crecer con una madre narcisista implica vivir en un entorno emocionalmente hostil que deja huellas profundas en la autoestima y las relaciones personales. La psicóloga Sandra Ribeiro, especialista en salud emocional femenina, analiza esta problemática en su portal.
Las madres narcisistas tienden a centrarse en sí mismas, buscando validación constante, ejercen control emocional y minimizan las necesidades de sus hijos. Este patrón puede deberse a traumas propios no resueltos, depresión, adicciones o una desconexión emocional que impide un vínculo saludable con sus hijos.
Este tipo de madre proyecta en sus hijos expectativas irreales, exige perfección y responde con crítica o indiferencia al no cumplirse sus deseos. El hijo aprende a ignorar sus propias emociones para satisfacer a su madre, lo que genera una baja autoestima y una percepción distorsionada de sí misma.
Los hijos desarrollan una hipervigilancia emocional, pendientes de cualquier señal de rechazo y tienden a complacer en exceso a los demás. Este patrón suele repetirse en la adultez a través de relaciones desequilibradas, dependencia emocional y dificultad para poner límites.
Su valor personal se basa en la validación externa, ya que nunca se les enseñó a sentirse suficientes por sí mismos. Esto se traduce en ansiedad, perfeccionismo y una necesidad constante de aprobación, incluso en contextos laborales o sociales.
Es fundamental priorizar las propias necesidades, aprender a decir “no” sin culpa y evitar relaciones que reproduzcan patrones de abuso emocional. La psicoterapia se convierte en un recurso clave, ya que permite abordar heridas profundas en un entorno seguro y guiado.
Reconstruir la relación con uno mismo es otro de los pilares. Cambiar la voz interior crítica por una narrativa compasiva y realista ayuda a fortalecer la autoestima. La sanación no es inmediata, pero cada paso consciente hacia el autocuidado representa un acto de valentía y transformación personal.
En definitiva, ser hijo de una madre narcisista no define a una persona, pero sí explica muchas heridas emocionales. Reconocerlo y buscar ayuda profesional puede marcar la diferencia entre repetir el ciclo o construir una vida basada en el respeto, autonomía y el amor propio.
