Ahorrar en México es una aspiración que contrasta dolorosamente con la realidad de millones de familias. Aunque se nos ha enseñado a ver el ahorro como una virtud —una señal de responsabilidad financiera y previsión—, para la mayoría de los mexicanos, esta recomendación es casi una broma cruel. ¿Cómo ahorrar cuando el dinero no alcanza ni para lo básico?
El salario mínimo general en México para 2025 es de 278.80 pesos diarios, lo que representa un ingreso mensual aproximado de 8,364 pesos, suponiendo que se trabaje todos los días del mes. En la Zona Libre de la Frontera Norte, el salario mínimo es de 419.88 pesos diarios, equivalente a unos 12,596 pesos mensuales. Aunque los aumentos anuales han sido significativos —más del 110% acumulado desde 2018—, la inflación y el costo real de vida continúan rebasando este crecimiento. Tan solo en mayo de 2025, la inflación se ubicó en 4.22% anual, presionando aún más el precio de los bienes y servicios esenciales como alimentos, transporte y energía.
El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) estima que la línea de pobreza por ingresos urbanos, es decir, el ingreso mínimo necesario para cubrir la canasta alimentaria y no alimentaria, era de 4,310 pesos por persona en abril de 2025. Para una familia de cuatro personas, eso representa al menos 17,240 pesos mensuales. Pero esto solo cubre lo más básico. Alimentación, transporte, vivienda, salud, educación, vestimenta y otros gastos pueden escalar rápidamente si se considera, por ejemplo, el pago de renta que en ciudades como Ciudad de México puede superar los 6,000 pesos al mes por un departamento pequeño, además de colegiaturas, medicamentos o emergencias médicas.
El ahorro ideal, según economistas, debe representar al menos el 10% del ingreso mensual. Es decir, si una familia desea ahorrar 2,000 pesos al mes, debería tener un ingreso mínimo de 20,000 pesos mensuales. Según el INEGI, el ingreso corriente promedio trimestral de los hogares mexicanos en 2022 fue de 63,695 pesos, o unos 21,231 pesos mensuales. Sin embargo, este promedio esconde grandes desigualdades: el 10% más pobre de los hogares apenas recibe 3,300 pesos mensuales, mientras que solo el 10% más rico supera los 60,000 pesos al mes. En este contexto, se estima que más del 60% de los hogares no tiene capacidad real de ahorro, y muchos recurren al crédito informal o al empeño para cubrir emergencias.
Más allá de los ingresos, también hay barreras estructurales. El 62% de los mexicanos trabaja en la informalidad, sin acceso a prestaciones ni seguridad social. Solo el 47% de los adultos tiene una cuenta de ahorro formal, según datos de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF). La confianza en los bancos es baja, y muchos prefieren guardar su dinero en efectivo o en tandas. Además, existe una profunda desigualdad financiera por género, región y nivel educativo: las mujeres ahorran menos porque ganan menos y tienen mayores cargas de cuidado; en zonas rurales, el acceso a servicios bancarios es limitado o inexistente; y quienes no completaron la secundaria tienen cinco veces menos probabilidades de ahorrar que quienes tienen estudios universitarios.
Responsabilizar a la gente por no ahorrar es como culparla por no respirar bajo el agua. El problema no es cultural: es estructural. La mayoría de los mexicanos no puede ahorrar porque vive al día, atrapada entre sueldos bajos, servicios caros y un sistema económico que no ofrece un piso mínimo de dignidad. Si de verdad se quiere fomentar una cultura del ahorro, primero se deben garantizar condiciones reales de vida digna: salarios justos, empleos formales, acceso a salud, vivienda y educación. Solo entonces el ahorro dejará de ser una ilusión costosa para convertirse en una práctica accesible y necesaria.
Por: Roberto Flores Piña
