Por: Luis Roberto Flores Islas
Cada 22 de junio, las calles de México y muchos rincones del mundo se llenan de nostalgia, color y el característico zumbido de un motor que parece resistirse al paso del tiempo. Ese día, los amantes del Vocho el entrañable Volkswagen Beetle celebran su Día Mundial, una fecha que conmemora el inicio de su historia en 1934, cuando Ferdinand Porsche firmó el contrato que dio origen a uno de los autos más emblemáticos del siglo XX.
En México, el Vocho no solo es un automóvil: es un compañero de vida, una extensión de la identidad popular y un símbolo de resiliencia mecánica. Su llegada a tierras mexicanas marcó una época de motorización accesible. Y aunque dejó de producirse en 2003 en la planta de Puebla, su legado sigue rodando por las calles, especialmente en zonas urbanas construidas sobre cerros y terrenos difíciles, donde su ligereza, tracción y simplicidad mecánica lo hacen ideal.
Cada año, en esta fecha, coleccionistas, mecánicos, nostálgicos y vocheros de corazón se congregan para rendirle homenaje. Las exposiciones, caravanas y convivencias no solo celebran al Vocho como máquina, sino como símbolo de comunidad y resistencia cultural.
Pero más allá del romanticismo, también hay que hablar con objetividad. El Vocho, si bien es durable y fácil de reparar, tiene fallas importantes que en los tiempos actuales no pueden pasarse por alto. La seguridad es su mayor deuda: sin bolsas de aire, con frenos básicos y una estructura ligera, el auto representa un riesgo importante en caso de accidente. En la actualidad, su uso constante como vehículo familiar resulta cuestionable ante estándares modernos de protección.
Además, el aumento en su valor de reventa ha sorprendido a muchos. Un auto que alguna vez fue económico hoy puede alcanzar precios elevados, especialmente si está restaurado o modificado. Su creciente cotización obedece tanto a la nostalgia como a su estatus de objeto de colección, lo que lo aleja de las manos de jóvenes conductores que lo ven más como una leyenda que como una opción real de movilidad.
A pesar de ello, el Vocho continúa siendo un fenómeno cultural. Su silueta redondeada, su peculiar motor trasero y su historia ligada a la vida cotidiana de millones lo han convertido en un ícono que sigue arrancando sonrisas y anécdotas.
El 22 de junio no es solo una celebración automotriz; es una fecha donde se cruzan la memoria, la pasión y la identidad. Donde los vocheros no solo muestran sus autos, sino que reafirman una forma de ver el mundo: sencilla, práctica y con carácter.
1 691 542 unidades es la cifra exacta de Vocho fabricadas en la planta de Puebla, entre 1967 y 2003.
En su auge, el Vocho representó más del 20 % del mercado automotriz nacional a finales de los 60.
Durante los años 90, sus ventas alcanzaron niveles de más de 40 000 unidades anuales, disminuyendo a poco más de 10 000 hacia 2002 .
Porque el Vocho no solo se conduce. El Vocho se vive.
