A partir del 1 de agosto de 2025, el gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump, aplicará un arancel del 30 % a una amplia gama de productos importados desde México y la Unión Europea. La decisión ha generado reacciones inmediatas de preocupación tanto en Europa como en América Latina, al considerar que estas medidas podrían provocar una nueva escalada en las tensiones comerciales internacionales.
De acuerdo con el comunicado oficial, Trump justifica los aranceles como una respuesta a lo que considera un desequilibrio comercial «inaceptable», una amenaza a la seguridad nacional y una falta de acciones efectivas para frenar el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos. También señaló que estas tarifas buscan proteger la economía estadounidense y reactivar la industria manufacturera local.
Desde Bruselas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, calificó la medida como “agresiva e injustificada”, advirtiendo que el bloque europeo está evaluando contramedidas proporcionales que podrían aplicarse en sectores estratégicos como la tecnología, los automóviles y los productos agrícolas. La Unión Europea teme interrupciones severas en las cadenas de suministro transatlánticas.
Por su parte, el gobierno de México expresó su rechazo a través de un comunicado de la Secretaría de Economía, señalando que las tarifas son injustas y podrían vulnerar los principios del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La presidenta Claudia Sheinbaum ha indicado que ya se han iniciado contactos diplomáticos con el objetivo de detener la entrada en vigor de la medida. Entre las opciones sobre la mesa se encuentran represalias comerciales que alcanzarían hasta un 20 % en productos clave como acero, aluminio y bienes agroalimentarios.
Expertos económicos han advertido que si las tarifas se implementan sin un acuerdo previo, México podría enfrentar una caída significativa en sus exportaciones, afectando directamente a sectores como el automotriz, electrónico y agrícola. Además, la presión sobre el tipo de cambio podría aumentar la inflación en los próximos meses.
Aunque la administración estadounidense ha dejado abierta la puerta a negociaciones, el reloj corre. Tanto México como la Unión Europea tienen hasta finales de julio para alcanzar acuerdos bilaterales que eviten una nueva guerra comercial con implicaciones globales.
La medida también podría tener consecuencias políticas, ya que varios países aliados han comenzado a expresar su preocupación por el creciente uso de la política comercial estadounidense como herramienta de presión en temas ajenos al comercio, como la migración o el narcotráfico.
El próximo mes será crucial para definir si este nuevo capítulo en las tensiones comerciales se resuelve mediante el diálogo o si, por el contrario, marca el inicio de una confrontación que afectará a millones de consumidores y empresas en todo el mundo.
TRUMP IMPONE ARANCELES DEL 30 % A MÉXICO Y LA UNIÓN EUROPEA
