¿Por qué nos cuesta tanto salir de relaciones problemáticas? La respuesta no es simple, pero la raíz está en una sociedad que romantiza el sufrimiento emocional y enseña a normalizar la violencia. Hidalgo, como muchas partes de México, vive atrapado en un círculo vicioso donde la falta de amor propio, la indecisión y los mitos del amor romántico convierten a muchas parejas en una bomba de tiempo a punto de estallar.
Datos nacionales son alarmantes. El 76% de los jóvenes ha vivido violencia psicológica en sus relaciones de pareja, 15% ha sufrido agresión física y 16.5% de las mujeres violencia sexual. Estas cifras no son de relaciones adultas, son del noviazgo. Es decir, muchas personas crecen creyendo que el amor duele, que el control es muestra de interés y que los celos son naturales.
El problema se agrava porque solo el 4% de los casos de violencia en noviazgo son denunciados. ¿Por qué no se denuncia? Porque la dependencia emocional es fuerte, porque la autoestima está quebrada, y porque la presión social enseña a “aguantar” para no ser señalados como débiles o fracasados.
En Hidalgo, la violencia de género no es un dato ajeno. Las relaciones intermitentes, donde parejas rompen y regresan constantemente, son vistas con normalidad. Pero cada ciclo aumenta el riesgo de violencia física y emocional. Las víctimas se encierran en círculos viciosos donde la indecisión no es un capricho, sino el reflejo de una sociedad que no enseña a amar sin sufrimiento.
La estructura patriarcal sigue dictando que el hombre debe tener el control y la mujer debe “aguantar” por amor. Esto convierte al amor en una bomba de tiempo. Cada discusión sin resolver, cada acto de control disfrazado de cuidado, cada silencio impuesto, es un segundo más en el reloj de una posible tragedia.
El problema es cultural. Se necesita educación emocional en las escuelas, campañas públicas que desmonten los mitos del amor romántico y redes de apoyo accesibles. Mientras sigamos enseñando que el amor verdadero implica sacrificios y aguante, las relaciones seguirán siendo campos minados donde la explosión es cuestión de tiempo.
Salir de una relación tóxica no es fácil. No es cobardía quedarse, ni heroísmo resistir. Es falta de amor propio, sí, pero también falta de educación, de respaldo social y de políticas públicas que enseñen a amar sin violencia.
En Hidalgo, romper con estas estructuras no es un lujo. Es una urgencia.
Por: Roberto Flores Piña
