MINERAL DE LA REFORMA: UNA INFRAESTRUCTURA A DOS VELOCIDADES

Por: Luis Roberto Flores

En el corazón de Hidalgo, el municipio de Mineral de la Reforma se ha convertido en un ejemplo claro y preocupante de cómo la gestión pública puede responder más a intereses privados que al bienestar colectivo. A simple vista, algunos tramos del municipio lucen calles bien pavimentadas, con baches reparados incluso con concreto hidráulico, como si fuesen vitrinas urbanas de un supuesto progreso. Pero basta con desviarse unas cuantas cuadras para encontrar otra realidad: calles completamente deterioradas, llenas de baches que parecen haber sido olvidados por las autoridades por años.

Este contraste no es casualidad. Las zonas favorecidas con rebacheo frecuente y materiales de alta calidad coinciden, sin sorpresas, con áreas donde operan constructoras que venden nuevas viviendas. Por estas calles circulan potenciales compradores: familias jóvenes, inversionistas, personas que podrían verse seducidas por la promesa de una «vida moderna» en una colonia recién urbanizada. La estrategia es clara: mostrar una cara limpia y funcional del municipio, mientras se barre la verdadera realidad bajo la alfombra.

Mientras tanto, las colonias más antiguas o aquellas que no representan un escaparate para el desarrollo inmobiliario siguen hundidas literalmente en el abandono. No hay mantenimiento básico, no hay rebacheo, no hay interés. Solo queda la paciencia obligada de quienes deben sortear cada día una ruta de obstáculos que daña vehículos, retrasa traslados y, sobre todo, refleja una clara desigualdad en la distribución de los recursos públicos.

La infraestructura urbana no debería ser un privilegio reservado a donde hay negocio. El mantenimiento de calles, el acceso al agua potable, la recolección de basura y otros servicios no son favores ni estrategias de marketing: son derechos ciudadanos. Y cuando los gobiernos municipales priorizan zonas únicamente por su valor comercial o inmobiliario, se rompe la esencia misma del servicio público.

La gestión de Mineral de la Reforma deja una lección dolorosa pero urgente: no puede haber desarrollo real si está cimentado sobre la exclusión. Una calle bien pavimentada no significa progreso si, a unas cuadras, hay otras que parecen zona de guerra. El verdadero desarrollo urbano debe ser equitativo, planificado y pensado para todos, no solo para los que compran casa nueva.

¿Hasta cuándo se permitirá que el crecimiento del municipio se mida solo por lo que se ve desde el auto de un comprador potencial y no por la calidad de vida de quienes ya habitan estas tierras desde hace años?

Mineral de la Reforma no necesita más maquillaje urbano. Necesita justicia social en la infraestructura. Y eso empieza por mirar a todos sus ciudadanos por igual.

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