LA MORAL DE LOS MEXICANOS Y SUS CRITERIOS ESTÉTICOS: UN REFLEJO DE IDENTIDAD Y CONTRADICCIONES

Por: Luis Roberto Flores Islas


La moral y los criterios estéticos en México son el producto de una compleja herencia cultural, donde confluyen raíces indígenas, colonización española, influencias modernas globales y una realidad social marcada por la desigualdad. Esta amalgama de factores ha dado lugar a una visión del mundo profundamente dual: conservadora en valores tradicionales, pero abierta y creativa en expresiones culturales y estéticas.
La moral mexicana, en términos generales, se caracteriza por un fuerte apego a la familia, el respeto a las jerarquías, la religiosidad principalmente católica y una noción del «bien» basada más en la tradición que en principios universales abstractos. A pesar de la creciente secularización y apertura social en ciertos sectores urbanos, el grueso de la población aún considera temas como la sexualidad, el aborto o el matrimonio igualitario como asuntos que deben alinearse con los valores religiosos.
Sin embargo, esta moral colectiva convive con una realidad llena de contradicciones. Mientras se condena públicamente la infidelidad, la corrupción o el machismo, estas prácticas suelen estar normalizadas en la vida cotidiana. La famosa frase “el que no tranza, no avanza” ilustra cómo ciertos comportamientos inmorales pueden ser tolerados, o incluso admirados, si traen consigo éxito o poder. Esta flexibilidad moral se entrelaza con un sentido del humor agudo y crítico, que permite al mexicano reírse de sí mismo, incluso en contextos trágicos o adversos.
En cuanto a los criterios estéticos, México ha logrado construir una identidad visual poderosa y reconocible a nivel mundial. El gusto mexicano se expresa en una rica mezcla de colores, formas y simbolismos. Desde el arte popular, como las artesanías o el arte huichol, hasta la alta cultura representada por muralistas como Diego Rivera o fotógrafos como Graciela Iturbide, hay una constante exaltación del mestizaje, de lo barroco, de lo abundante.
Esta estética también se manifiesta en el día a día: las casas pintadas de vivos colores, los altares del Día de Muertos, la decoración de mercados y fiestas patronales. Existe una fuerte preferencia por lo visualmente impactante, lo simbólicamente cargado y lo emocionalmente evocador. El «mal gusto», por su parte, suele ser juzgado con dureza, especialmente cuando se asocia con imitaciones extranjeras o con la clase social emergente que busca distanciarse de sus raíces.
Ambas dimensiones la moral y la estética están profundamente conectadas. Lo que se considera “bueno” o “aceptable” no solo pasa por lo ético, sino también por lo visualmente apropiado. Por ejemplo, una mujer con tatuajes visibles o con ropa provocadora puede ser juzgada moralmente, no por sus acciones, sino por su apariencia. Así, lo estético actúa como código moral.
En resumen, la moral de los mexicanos y sus criterios estéticos revelan tanto una fidelidad a las tradiciones como una lucha constante entre lo que se dice y lo que se hace. Es en esa tensión donde se construye gran parte de la identidad nacional, con sus luces, sombras y contradicciones profundamente humanas.

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