Por: Psic.Vianey Esparza Mejia
Hace más de dos siglos estalló un movimiento que traería consigo la fundación de una nación: la guerra de Independencia de México, cuyo proceso complejo y multifactorial, se extendió entre 1808 y 1821. Hoy al conmemorar una vez más este aniversario conviene reflexionar sobre los orígenes del movimiento independentista y cómo sus ideales resuenan aún en las festividades que dan forma al calendario cívico nacional.
El documento “La independencia de México” describe con profundidad cómo las raíces del proceso emancipador eran tan diversas como: desigualdades sociales, explotación económica, tensiones políticas, influjo de la Ilustración europea y una sociedad estratificada donde unos pocos acumulaban poder y riqueza, mientras la mayoría vivía sometida.
Se habla del auge económico de la Nueva España en minería, agricultura e incipiente industria, al mismo tiempo que tierras, impuestos, tributos y privilegios eclesiásticos o coloniales mantenían oprimidos a indígenas, mestizos, castas y campesinos.
El año de 1808, con la crisis política en España tras la entrada de Napoleón al trono, fue detonante para esas aspiraciones de autonomía. En ese contexto, surgieron conspiraciones, juntas criollas, debates ideológicos y se elaboraron ideales de libertad, dignidad y justicia, primero apelando quizá solo a la exclusión de los peninsulares de los puestos de poder, pero que pronto derivó en la exigencia de la independencia total.
Cada 15 de septiembre por la noche, en cada plaza principal, los mexicanos evocan el llamado de Hidalgo, corean vivas a la patria, recuerdan a héroes e idealizan los valores de libertad, unidad, y justicia. Más allá de la ceremonia pública, estas festividades recogen las tensiones históricas: las luchas sociales que acompañaron la independencia siguen vigentes, aunque bajo nuevas formas.
En las escuelas, plazas públicas y redes sociales se retoma la historia de los orígenes mencionados, la desigualdad, el monopolio económico, las limitaciones sociales como espejo para los problemas actuales: el acceso a la tierra, a la justicia fiscal, a servicios, y la participación política.
Las voces que en 1810 pedían exención de impuestos, acabar con privilegios injustos, justicia para los desposeídos, resuenan cuando la ciudadanía exige transparencia, mayor equidad, derechos indígenas reconocidos, mejor redistribución de la riqueza.
La Independencia de México no fue un acto aislado, sino fruto de décadas de tensión social, desencanto político y deseo de transformación. Las festividades actuales, lejos de ser meramente ceremoniales, pueden y deben ser instantes de reflexión: ¿qué de aquella aspiración de emancipación no ha cumplido? ¿En qué medida los ideales de libertad, justicia y dignidad se materializan hoy?
Con cada Grito, con cada desfile, se renueva la memoria histórica, se afirma la identidad nacional, pero también se reavivan las preguntas sobre desigualdad, participación y justicia que atravesaron todo el proceso independentista y son asunto urgente en el México de hoy.
