En Pachuca, la delincuencia no siempre se anuncia con violencia. A veces, todo ocurre en silencio. Sin gritos, sin amenazas, sin golpes. Solo un movimiento rápido, casi imperceptible, y de pronto el ciudadano descubre que ya no trae su cartera, su celular o sus documentos. La capital hidalguense enfrenta una realidad que muchas veces se minimiza: los robos sin violencia —especialmente el carterismo— están creciendo y afectando a miles de personas que diariamente transitan por calles, mercados y el transporte público.
Durante el primer semestre de 2025, en Pachuca se registraron 629 denuncias por robo en todas sus modalidades, lo que equivale a un promedio de más de tres robos diarios. Tan solo los robos a transeúnte —que incluyen asaltos y hurtos oportunistas— representaron 133 denuncias, reflejando que la calle sigue siendo un escenario vulnerable para quienes caminan con aparatos electrónicos, bolsos abiertos o mochilas descuidadas.
Aunque el robo violento es el que más temor genera, los robos sin violencia también aumentaron en el último año, con un incremento registrado del 4%. Esta práctica, aparentemente “menor”, suele pasar desapercibida porque muchas víctimas no denuncian al no saber exactamente cuándo, cómo o quién les arrebató sus pertenencias. Para algunos, el descubrimiento llega horas después, cuando el bolsillo está vacío, la bolsa está abierta o el celular ya no aparece.
A ello se suma el comportamiento creciente del robo en transporte público en Hidalgo. Aunque en Pachuca muchos de estos incidentes todavía no involucran violencia directa, la cifra estatal muestra un incremento notable y preocupante. El número de robos en transporte pasó de un nivel bajo el año anterior a un crecimiento acelerado durante 2025, en particular en zonas metropolitanas donde la alta concentración de usuarios facilita la operación de carteristas y grupos oportunistas que actúan durante las horas pico.
En Pachuca, los focos rojos suelen repetirse:
• Zonas con mayor afluencia como el Centro, la Plaza Independencia y los alrededores del Reloj Monumental.
• Mercados, tianguis y corredores comerciales donde la circulación de personas facilita el contacto directo.
• Paraderos de transporte público en horas de entrada y salida, especialmente por la mañana y al caer la tarde.
A pesar de que las autoridades señalan avances y nuevas estrategias para reducir la incidencia delictiva, la percepción de inseguridad muestra otra cara: casi la mitad de la población adulta en Pachuca se siente insegura viviendo en la ciudad. Ese sentimiento no viene únicamente de episodios violentos, sino del temor constante a ser víctima de un robo silencioso que puede ocurrir en segundos.
El carterismo no deja heridas visibles, pero sí consecuencias profundas. Para la víctima, la pérdida de una cartera implica trámites, gastos, cancelaciones, horas invertidas en recuperar documentos, y en muchos casos, la pérdida total de su dinero. Para la ciudad, el problema refleja un deterioro en la tranquilidad cotidiana y un déficit en la prevención, vigilancia y cultura de denuncia.
El robo en Pachuca está mutando. No siempre es agresivo, no siempre es abrupto. A veces es sutil, invisible y aún más frustrante. La capital hidalguense enfrenta un reto: reconocer que la delincuencia silenciosa también duele, también afecta y también debe combatirse con la misma seriedad que cualquier delito mayor.
Por: Roberto Flores Piña
