Por: Psic. Maurali Vianey Esparza Mejía
Mientras las comunidades hidalguenses se preparan para celebrar las fiestas decembrinas, el Día Internacional del Migrante suele pasar inadvertido entre luces, rituales familiares y discursos de cierre de año. Esta coincidencia refleja cómo la migración, a pesar de su impacto social, es una realidad normalizada en la agenda pública y comunitaria.
En Hidalgo, la migración constituye un fenómeno estructural. Durante 2025, se registraron más de 2 200 hidalguenses deportados desde Estados Unidos, así como más de 1 500 repatriaciones en los primeros meses del año. Estas cifras revelan que, mientras una parte de la sociedad celebra, miles de personas enfrentan procesos de retorno forzado, separación familiar e incertidumbre laboral.
Las causas de la migración hidalguense se relacionan principalmente con la falta de empleo formal, los bajos ingresos, la desigualdad social y la búsqueda de mejores oportunidades. A ello se suma la migración por reunificación familiar, sostenida por redes sociales que, generación tras generación, han normalizado la salida como única vía de movilidad social.
La migración transforma profundamente a las comunidades. Las remesas continúan siendo un pilar económico para muchos hogares, pero también alteran las dinámicas familiares y los roles de cuidado. En contraste con la narrativa festiva de diciembre, numerosas familias viven estas fechas marcadas por la ausencia de quienes migraron o por el retorno inesperado de quienes fueron deportados.
Las fiestas decembrinas, tradicionalmente asociadas con la unión familiar, pueden intensificar sentimientos de duelo, nostalgia, ansiedad y desarraigo, tanto en quienes migran como en quienes permanecen en las comunidades de origen. Para las personas retornadas, estas fechas pueden representar una confrontación dolorosa entre las expectativas frustradas y una realidad social que ofrece pocas oportunidades de reinserción.
Que el Día del Migrante quede eclipsado por las celebraciones decembrinas evidencia la necesidad de replantear cómo reconocemos y acompañamos a quienes sostienen, desde la ausencia o el retorno.
Recordar a las personas migrantes en diciembre es también un acto de responsabilidad social: implica mirar más allá de la festividad y reconocer las desigualdades que continúan impulsando la movilidad humana como una forma de supervivencia y esperanza.
DÍA DEL MIGRANTE: UNA CONMEMORACIÓN OPACADA ENTRE LUCES DECEMBRINAS
