¿MEXICANOS VIOLENTOS POR NATURALEZA?

En México se ha vuelto tristemente común leer titulares donde una discusión mínima —un lugar de estacionamiento, el volumen de la música, una mirada, una diferencia de tránsito— termina en golpes, balazos y personas muertas. La pregunta duele, pero se impone: ¿de verdad vivimos en un país donde cualquier problema, por pequeño que sea, puede costar la vida?

Los índices internacionales ayudan a dimensionar el contexto. El Índice Global de Paz coloca a México entre los países con menor nivel de paz en el mundo, no por guerras formales, sino por la persistencia de la violencia interna, los homicidios y la debilidad de las instituciones para contener los conflictos. Otros estudios, como los que miden la intensidad del conflicto interno, llegan a ubicar al país entre los más violentos del planeta fuera de escenarios de guerra abierta. Estos números no hablan del carácter de la gente, sino del entorno en el que vive.

Las encuestas nacionales refuerzan la alerta. Más de un tercio de la población reconoce haber tenido conflictos interpersonales con vecinos, familiares o conocidos. Las disputas vecinales por ruido, basura, mascotas o espacios comunes aumentaron de forma notable en los últimos años, especialmente en contextos de estrés social. No son delitos espectaculares, pero son el caldo de cultivo donde la violencia se normaliza y escala. En México, demasiadas veces, una discusión cotidiana se transforma en agresión porque no hay mediación, no hay confianza en la autoridad y no hay contención emocional.

El problema no es que los conflictos existan; existen en todos los países. La diferencia está en cómo se resuelven. En sociedades con mayor paz, un pleito por un cajón de estacionamiento termina en una multa, una queja o una discusión verbal. En México, con demasiada frecuencia, termina en golpes o en un homicidio. Las armas están cerca, la tolerancia a la agresión es alta y la percepción de impunidad hace creer que reaccionar con violencia no tendrá consecuencias reales.

¿Son los mexicanos violentos por naturaleza? La evidencia apunta a que no. La violencia no es genética ni cultural en esencia; es aprendida, tolerada y reforzada por el contexto. Décadas de desigualdad, estrés económico, exposición constante a la violencia, falta de educación emocional y un sistema que rara vez sanciona de manera efectiva han construido una sociedad donde la confrontación se vuelve una salida “normal”. Cuando la vida cotidiana se vive a la defensiva, cualquier desacuerdo se interpreta como amenaza.

El dato más brutal es este: en México se puede perder la vida por casi cualquier cosa. No porque el problema lo valga, sino porque el entorno empuja a que la respuesta sea desproporcionada. Mientras no se ataque la violencia desde lo estructural —educación, justicia, prevención, mediación comunitaria— seguiremos contando tragedias que comenzaron por algo mínimo. No es un problema de temperamento nacional; es el reflejo de un país donde la paz se ha vuelto frágil y donde aprender a resolver conflictos sin violencia se ha convertido en una urgencia colectiva.

Por: Angel Flores

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