Por: Luis Roberto Flores Islas
La Zona Metropolitana de Hidalgo crece. Vemos nuevos desarrollos habitacionales, plazas comerciales y un flujo vehicular que hace apenas una década era impensable. Sin embargo, detrás de esta expansión de concreto, se gesta una crisis silenciosa y mucho más alarmante: la erosión intelectual de nuestras nuevas generaciones. Existe una desconexión palpable entre los jóvenes y el conocimiento profundo, una brecha que nace de la falta de cultura literaria y desemboca en una apatía peligrosa frente a la realidad que los rodea.
No se trata simplemente de que «los jóvenes no leen clásicos». El problema es estructural y de consecuencias prácticas. La falta de hábito de lectura de comprensión ha creado una ciudadanía emergente incapaz de procesar la complejidad del entorno. En Pachuca y sus alrededores, nos enfrentamos a una generación que, teniendo el acceso a la información más vasto de la historia en sus bolsillos, ha decidido ignorar los temas que definen su supervivencia: seguridad, salud, tecnología y política.
Es alarmante observar cómo la discusión pública sobre la seguridad en nuestra región es ajena a gran parte de la juventud, quienes normalizan la violencia o la ignoran hasta que les toca la puerta, careciendo de las herramientas críticas para exigir estrategias efectivas a sus gobernantes. En temas de salud y tecnología, la situación no es mejor; la ciencia se sustituye por la tendencia viral de turno, y la innovación se confunde con el consumo pasivo de gadgets. No hay un interés genuino por entender cómo la inteligencia artificial cambiará sus empleos o cómo las políticas de salud pública afectan su futuro inmediato.
La política, motor de cambio social, es vista con un desdén absoluto o, peor aún, con una ignorancia supina. Al carecer de referencias históricas y literarias —esas que nos enseñan que los errores del pasado tienden a repetirse—, los jóvenes quedan vulnerables ante el populismo y la demagogia, aceptando el estado de las cosas sin cuestionar.
Pero lo más doloroso de este panorama no es la ignorancia en sí, sino la falta de aspiraciones. Al no leer, al no nutrirse de las grandes ideas que han movido al mundo, la imaginación se atrofia. Nos encontramos con una juventud en la zona metropolitana que parece no planear nada más allá del fin de semana. No hay un impulso colectivo por innovar, por crear empresas que resuelvan problemas locales, o por fortalecer su propio crecimiento profesional con estándares de excelencia. Se conforman con la medianía porque no conocen otros horizontes; su techo aspiracional está bajo porque sus cimientos culturales son inexistentes.
Si no corregimos el rumbo, si no volvemos a poner el libro y el pensamiento crítico en el centro de la formación en Hidalgo, no solo tendremos jóvenes incultos; tendremos una sociedad estancada, incapaz de competir en un mundo globalizado y condenada a ser mera espectadora de su propio destino. La innovación y la fortaleza no nacen del vacío; nacen de mentes que leen, entienden y, por tanto, aspiran a cambiar su realidad.
