ENTRE PANTALLAS Y RESPONSABILIDADES: EL RETO DEL TRABAJO EN LAS NUEVAS GENERACIONES

Por: Luis Roberto Flores

Hablar del hábito del trabajo y de la responsabilidad en las nuevas generaciones se ha convertido en un tema incómodo, pero necesario. Vivimos en una época en la que el acceso a la tecnología, las redes sociales y los mundos virtuales ha transformado profundamente la manera en que niños y jóvenes perciben la realidad. Sin embargo, este avance, lejos de preparar a muchos para enfrentar el mundo real, parece estar alejándolos de él.

Hoy observamos con preocupación cómo una parte de las nuevas generaciones ha construido su vida alrededor de un mundo ficticio: redes sociales donde todo es inmediato, videojuegos donde no existen consecuencias reales y plataformas digitales que prometen éxito sin esfuerzo. En ese escenario, el trabajo constante, la disciplina y la responsabilidad han perdido valor frente a la gratificación instantánea. El resultado es una preocupante falta de interés por esforzarse, generar ingresos propios y asumir compromisos reales.

No se trata de generalizar ni de señalar a todos los jóvenes como irresponsables. Existen muchos que trabajan, estudian y luchan diariamente por salir adelante. Sin embargo, es innegable que una tendencia creciente muestra a jóvenes que no se sienten motivados a trabajar, que no consideran necesario esforzarse para comprar sus propias cosas y que esperan que sus padres resuelvan cada aspecto de su vida, incluso en la adultez.

Este fenómeno también es reflejo de una responsabilidad compartida. Padres que, por amor o culpa, han evitado que sus hijos enfrenten dificultades; sistemas educativos que priorizan la teoría sin enseñar habilidades prácticas; y una sociedad que glorifica el éxito fácil sin mostrar el sacrificio que implica alcanzarlo. Así, se forma una generación que teme al fracaso, evita el esfuerzo y se frustra ante la mínima exigencia.

El trabajo no solo es un medio para generar ingresos, sino una escuela de valores: enseña responsabilidad, constancia, respeto y autonomía. Quitarle ese valor es privar a los jóvenes de herramientas fundamentales para la vida adulta. Nadie nace preparado para enfrentar el mundo real, pero se aprende haciéndolo, equivocándose y asumiendo las consecuencias de las propias decisiones.

Es momento de replantearnos qué estamos enseñando. Fomentar la cultura del esfuerzo no significa negar derechos ni avances tecnológicos, sino equilibrarlos con valores sólidos. Preparar a las nuevas generaciones para la vida real implica enseñarles que nada valioso se consigue sin trabajo, que la independencia se construye y que los padres no estarán siempre para resolverlo todo.

El futuro de nuestra sociedad dependerá de jóvenes capaces de asumir responsabilidades, de trabajar por lo que desean y de entender que el mundo real no funciona como una pantalla que se apaga cuando algo no gusta. Recuperar el valor del trabajo es, hoy más que nunca, una tarea urgente.

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