CHINA CONVIERTE DESIERTO EN SUELO FÉRTIL CON MICROBIOS MILENARIOS

En el desierto de Tengger, en la región autónoma de Ningxia Hui, al noroeste de China, científicos desarrollan un experimento pionero que podría cambiar la forma en que el mundo combate la desertificación: utilizar microbios para transformar arena estéril en suelo cultivable.

El proyecto se basa en la siembra de cianobacterias —algas verde-azuladas con más de 3 mil 500 millones de años de existencia— capaces de sobrevivir en condiciones extremas de calor y sequía. Estos microorganismos fotosintéticos, al activarse con la lluvia, se multiplican y forman “costras biológicas” que funcionan como una piel viva sobre la arena.

Esta capa orgánica reduce la erosión causada por el viento, retiene humedad y nutrientes, estabiliza dunas móviles y crea un microambiente propicio para el crecimiento de vegetación. En términos prácticos, la arena comienza a comportarse como suelo fértil.

El experimento es liderado por la Estación Experimental de Investigación del Desierto de Shapotou, adscrita a la Academia China de Ciencias, institución que ha trabajado durante más de tres décadas en métodos para fijar la arena y restaurar ecosistemas áridos.

Uno de los principales avances fue el desarrollo de las llamadas “semillas de suelo”: bloques compactos elaborados con cianobacterias seleccionadas —de entre más de 300 especies estudiadas— mezcladas con materia orgánica. Estas se esparcen sobre la superficie desértica y, con la llegada de la lluvia, colonizan el terreno.

Mientras que de forma natural una costra biológica puede tardar entre cinco y diez años en consolidarse, con esta técnica el proceso se reduce a aproximadamente un año. Además, las biocostras generadas pueden resistir vientos de hasta 36 kilómetros por hora.

China proyecta aplicar este método en entre 5 mil 333 y 6 mil 667 hectáreas durante los próximos cinco años, como parte de su estrategia nacional contra la desertificación. La iniciativa se integra a la denominada Gran Muralla Verde, un programa de restauración ecológica que lleva más de cuatro décadas combinando reforestación, control del viento y ahora bioingeniería.

Especialistas consideran que, de mantenerse los resultados positivos, esta técnica podría impactar en la seguridad alimentaria de regiones áridas, reducir migraciones forzadas por degradación ambiental y ofrecer un nuevo modelo de restauración ecológica replicable en África, Medio Oriente y otras zonas vulnerables.

El experimento representa uno de los primeros casos de aplicación de geoingeniería biológica a escala territorial, con el potencial de modificar paisajes degradados mediante microorganismos ancestrales.

Deja un comentario