Un estudio científico citado recientemente en redes sociales no afirma que los terremotos “fabriquen” oro, sino que podrían contribuir a su concentración en determinadas condiciones geológicas.
La investigación fue publicada en la revista Nature Geoscience y encabezada por el geólogo Christopher R. Voisey. El trabajo analiza cómo podrían formarse grandes pepitas en depósitos orogénicos, es decir, regiones asociadas a fallas y colisiones tectónicas donde el oro suele encontrarse en vetas de cuarzo.
De acuerdo con el estudio, el cuarzo es un mineral piezoeléctrico, lo que significa que cuando se comprime o se deforma mecánicamente —como ocurre durante un sismo— genera una diferencia de voltaje eléctrico. Ese potencial podría ser suficiente para inducir la precipitación de oro que ya se encuentra disuelto en fluidos hidrotermales que circulan por fracturas de la corteza terrestre.
En experimentos de laboratorio, el equipo simuló tensiones similares a las sísmicas y observó que el cuarzo sometido a estrés podía generar una carga capaz de provocar la deposición electroquímica de partículas de oro desde soluciones diluidas. Además, el metal tendía a acumularse alrededor de granos de oro preexistentes, lo que explicaría el crecimiento progresivo de pepitas tras múltiples eventos sísmicos.
Los investigadores subrayan que el oro no se crea a partir de los terremotos. El metal debe estar previamente presente en solución; el proceso piezoeléctrico simplemente favorecería su concentración y acumulación.
Durante décadas, los geólogos han observado la estrecha asociación entre oro y cuarzo, pero no estaba completamente claro cómo podían formarse grandes pepitas a partir de fluidos con concentraciones extremadamente bajas —en algunos casos cercanas a una parte por millón—. El mecanismo propuesto ofrece una explicación plausible de por qué muchas pepitas de gran tamaño se localizan en zonas con antecedentes de actividad tectónica.
No obstante, el estudio no sostiene que todos los depósitos auríferos del mundo se formen mediante este proceso, ni que pueda emplearse para producir oro de manera artificial.
En síntesis, la evidencia científica apunta a que los terremotos podrían desempeñar un papel en la concentración del oro ya existente en el subsuelo, pero no respaldan la idea de que los sismos “creen” el metal desde cero.
