INAH DESCUBRE EN EL TEMPLO MAYOR LA OFRENDA MÁS GRANDE ATRIBUIDA A MOTECUHZOMA I

La historia mexica vuelve a estremecer el corazón de la Ciudad de México. El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) confirmó el hallazgo de la que sería la ofrenda más grande atribuida a Motecuhzoma Ilhuicamina, tlatoani de México-Tenochtitlan entre 1440 y 1469. El descubrimiento, realizado en el recinto sagrado del Templo Mayor, no solo aporta miles de piezas al registro arqueológico, sino que permite cerrar un “círculo” ritual que durante décadas fue una hipótesis.

De acuerdo con el Proyecto Templo Mayor, encabezado por el arqueólogo Leonardo López Luján, fueron identificados tres nuevos depósitos —numerados como 186, 187 y 189— que se suman a otros tres localizados anteriormente. En conjunto, los seis conforman una sola ceremonia de gran escala realizada en la etapa constructiva IVa del Huei Teocalli, correspondiente al gobierno de Motecuhzoma I.

El hallazgo incluye más de cuatro mil elementos marinos, entre conchas y caracoles traídos desde costas lejanas del Golfo de México y del Pacífico, así como 83 figurillas antropomorfas de estilo Mezcala, esculturas de piedra y piezas monumentales que alcanzan hasta una tonelada de peso. La presencia de materiales provenientes de regiones distantes confirma la amplitud de las redes comerciales y militares mexicas en el siglo XV.

Los especialistas sostienen que la ceremonia implicó una logística colosal. Las esculturas de gran tamaño debieron movilizarse con cuerdas, palancas y rodillos de madera, en un esfuerzo coordinado por sacerdotes y participantes del ritual. La disposición simétrica de las ofrendas alrededor del templo principal sugiere un acto cuidadosamente planeado, posiblemente vinculado a la consolidación del poder imperial tras campañas de expansión.

Uno de los aspectos más sorprendentes es el excelente estado de conservación de varios elementos marinos, lo que abre hipótesis sobre los métodos de transporte utilizados para llevarlos hasta Tenochtitlan. Algunas especies incluso conservaban características delicadas, lo que indica un traslado especializado.

El descubrimiento no solo amplía el conocimiento sobre la religión mexica, sino que también revela la dimensión política del ritual: la ofrenda habría funcionado como una escenificación del poder, del dominio territorial y de la conexión simbólica entre el imperio y el cosmos.

Las piezas se encuentran en proceso de limpieza y estabilización para su futura exhibición en el Museo del Templo Mayor, donde podrían reunirse por primera vez los seis depósitos que conforman esta ceremonia monumental.

Más de cinco siglos después de la caída de México-Tenochtitlan, el subsuelo capitalino continúa revelando historias de poder, fe y expansión. Y esta vez, el pasado no habla en fragmentos: habla en círculo.

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