Un estudio científico reciente reveló un fenómeno inesperado que vincula la contaminación plástica con procesos geológicos de largo plazo: los nidos de tortuga verde podrían estar favoreciendo el enterramiento de plastiglomerados, una especie de “roca” formada por plástico fundido mezclado con arena, sedimentos y fragmentos naturales.
La investigación fue realizada por especialistas de la Universidad Estatal Paulista (UNESP) y publicada en la revista científica Marine Pollution Bulletin. El trabajo se centró en la isla Trindade, un territorio volcánico brasileño ubicado a más de mil 100 kilómetros de la costa de Espírito Santo y considerado uno de los sitios de anidación más importantes del mundo para la tortuga verde (Chelonia mydas).
Los científicos detectaron que gran parte del plástico que llega a las playas de esta isla remota proviene de residuos de la industria pesquera, principalmente cuerdas y redes fabricadas con polietileno de alta densidad. Con el tiempo, estos materiales se mezclan con sedimentos y fragmentos naturales hasta formar plastiglomerados, estructuras sólidas que pueden asemejarse a una roca.
El hallazgo más relevante del estudio es que el comportamiento natural de las tortugas durante el proceso de anidación podría estar contribuyendo a que estos materiales queden enterrados dentro de las capas de sedimento.
Cuando las tortugas verdes llegan a la playa para depositar sus huevos, excavan cavidades de aproximadamente 10 centímetros de profundidad en la arena. Durante este proceso, fragmentos de plástico y microplásticos que se encuentran dispersos en la playa pueden caer en los huecos y quedar atrapados cuando el nido es cubierto nuevamente con arena.
Con el paso del tiempo, estos materiales quedan estabilizados dentro del sedimento, lo que aumenta la probabilidad de que permanezcan enterrados durante miles o incluso millones de años, de forma similar a otros materiales que posteriormente se transforman en roca.
Para los geólogos, este proceso podría tener implicaciones importantes en el estudio del Antropoceno, una era geológica propuesta para describir el impacto humano en el planeta. Los plastiglomerados podrían convertirse en un marcador estratigráfico claro de la contaminación producida por la civilización humana.
En términos científicos, esto significa que el plástico podría convertirse en una especie de “fósil tecnológico”, capaz de quedar preservado en las capas sedimentarias del futuro, del mismo modo que hoy se encuentran fósiles de organismos antiguos o capas de ceniza volcánica.
El equipo de investigación también documentó que las formaciones de plastiglomerado detectadas desde 2019 ya han perdido cerca del 40 por ciento de su tamaño debido a procesos de erosión. Esta degradación está liberando fragmentos que se dispersan por distintas playas de la isla, generando al mismo tiempo microplásticos y nuevos depósitos sedimentarios.
Uno de los aspectos más preocupantes del estudio es que la isla Trindade prácticamente no tiene población permanente. Solo existe una pequeña base naval brasileña con personal rotativo, lo que demuestra que la contaminación plástica puede alcanzar incluso ecosistemas remotos que se encuentran lejos de centros urbanos.
Además del impacto geológico potencial, los investigadores advierten que este fenómeno también representa un riesgo ecológico. Los microplásticos liberados por la erosión de estas “rocas” pueden ser ingeridos por tortugas, peces y aves marinas, además de alterar las características del sedimento donde se desarrollan los huevos.
Las playas utilizadas por las tortugas para anidar son ecosistemas especialmente sensibles, por lo que los científicos consideran que deberían ser prioritarias en programas internacionales de limpieza y control de residuos marinos.
El estudio abre además una reflexión para la comunidad científica: en el futuro, los geólogos podrían identificar la era actual no solo por fósiles de especies, sino por capas de sedimento que contengan fragmentos de plástico, una huella material de la actividad humana en la historia del planeta.
TORTUGAS MARINAS PODRÍAN ESTAR ENTERRANDO “ROCAS DE PLÁSTICO” QUE QUEDARÍAN EN EL REGISTRO GEOLÓGICO DEL PLANETA
