En comunidades de la Huasteca hidalguense, mujeres indígenas han comenzado a organizarse para enfrentar la violencia y construir alternativas de desarrollo propio, a través de redes comunitarias impulsadas por el Instituto Hidalguense de las Mujeres (IHM).
El proyecto, enfocado en la prevención de la violencia, ha permitido la conformación de distintos grupos en municipios como Jaltocán, Atlapexco y Yahualica, donde las participantes no solo comparten experiencias, sino que también comienzan a identificar sus derechos y las problemáticas que enfrentan en su entorno.
En Jaltocán se integraron redes como “Mujeres indígenas de Amaxac II” y “Mujeres indígenas de El Chote”, mientras que en Atlapexco surgieron agrupaciones como “Por la Dignidad de las Mujeres”, “Transformando Achiquihixtla” y “Siuamej Hilando Sueños”. En Yahualica, por su parte, se consolidaron “Red unidas por el bienestar” y “Mujeres tejiendo red”.
Estos espacios funcionan como puntos de encuentro donde las mujeres dialogan, acuerdan acciones y establecen compromisos colectivos, muchas veces en su lengua materna, lo que ha sido clave para fortalecer la confianza y la participación.
Durante las sesiones, uno de los temas recurrentes ha sido la necesidad de generar ingresos propios. Las participantes han planteado la importancia de recibir apoyo para actividades productivas como el bordado, la elaboración de velas, comales de barro, bisutería y flores, como una vía para alcanzar mayor independencia económica.
Detrás de este proceso hay un trabajo previo de acercamiento que busca adaptarse a las condiciones culturales de cada comunidad. De acuerdo con el IHM, ingresar a estas localidades implica respetar sus usos y costumbres, además de enfrentar barreras como el idioma y prácticas arraigadas que limitan la participación de las mujeres.
En este sentido, la labor de las asesoras de los Centros LIBRE ha sido fundamental, ya que no solo facilitan el diálogo, sino que también acompañan a las mujeres en la identificación de distintos tipos de violencia y en la búsqueda de apoyo psicológico y jurídico cuando es necesario.
El proceso de integración a estas redes no es inmediato. Antes de su formalización, se realizan varias reuniones donde se explica el funcionamiento de las redes comunitarias y se analizan los problemas específicos de cada localidad. Posteriormente, las propias participantes definen sus prioridades y elaboran un plan de acción acorde a sus necesidades y recursos.
Más allá de la organización, estos espacios representan un primer paso para muchas mujeres que, por primera vez, encuentran un lugar donde su voz es escuchada y sus experiencias son compartidas.
El seguimiento por parte de las autoridades busca consolidar estas redes como herramientas de apoyo permanente, en un contexto donde la violencia de género sigue siendo una problemática presente en comunidades rurales e indígenas.
Así, entre reuniones, acuerdos y trabajo colectivo, estas mujeres comienzan a construir algo más que redes: un camino hacia la autonomía y la defensa de sus derechos.
MUJERES INDÍGENAS EN HIDALGO SE ORGANIZAN PARA ENFRENTAR LA VIOLENCIA Y BUSCAR AUTONOMÍA
