En Hidalgo, el discurso de inclusión comienza a traducirse en historias concretas. En el marco del Día Mundial del Síndrome de Down, un caso refleja cómo el acceso a apoyos puede abrir la puerta a la autonomía económica: el de Frida Aparicio Cruz, una joven de 23 años que, junto a su madre, logró consolidar un emprendimiento de elaboración de mazapanes.
El proyecto nació hace un año dentro de la Asociación Down Hidalguense, como una iniciativa colectiva orientada a personas con esta condición. Con el tiempo, la idea evolucionó más allá de una actividad ocupacional y se convirtió en una alternativa real de ingresos, impulsada por el programa de Apoyo al Autoempleo promovido por la Secretaría del Trabajo y Previsión Social del estado.
A través de este respaldo, Frida y su madre, María Magdalena Cruz Nieto, pudieron adquirir herramientas y equipo que mejoraron la calidad de su producción, permitiéndoles dar un paso hacia la consolidación de su negocio.
Más allá del ingreso económico, el impacto del proyecto también se refleja en el desarrollo personal. La elaboración de mazapanes funciona como una forma de terapia ocupacional que fortalece habilidades como la coordinación, la disciplina y la constancia, elementos clave en la construcción de autonomía.
Para su madre, este tipo de programas representan una oportunidad tangible para que las personas con discapacidad se integren al ámbito productivo, dejando atrás la idea de que la inclusión se limita a lo simbólico.
El proceso, sin embargo, no ha estado exento de retos. La falta de oportunidades laborales formales para personas con discapacidad sigue siendo una constante, lo que obliga a muchas familias a buscar alternativas como el autoempleo.
En ese contexto, la experiencia de Frida evidencia una realidad: cuando existen apoyos adecuados y acompañamiento, las personas con síndrome de Down pueden desarrollar actividades productivas con alto nivel de compromiso y calidad.
La familia también ha hecho un llamado a la sociedad y al sector empresarial para abrir más espacios de inclusión laboral, señalando que la capacitación con paciencia puede traducirse en trabajadores responsables y dedicados.
El caso también pone sobre la mesa el papel de las familias, que muchas veces se convierten en el principal motor para impulsar este tipo de proyectos, enfrentando barreras sociales, económicas y culturales.
Aunque aún existen desafíos en materia de inclusión laboral, iniciativas como esta muestran que el acceso a herramientas y oportunidades puede marcar una diferencia significativa en la vida de las personas con discapacidad.
Hoy, el emprendimiento de Frida no solo representa una fuente de ingresos, sino también un ejemplo de cómo la inclusión puede transformarse en independencia y dignidad, cuando pasa del discurso a las acciones concretas.
DE LA INCLUSIÓN A LA AUTONOMÍA: JOVEN CON SÍNDROME DE DOWN EMPRENDE NEGOCIO EN HIDALGO
