NUEVA AMENAZA DE LA VIRUELA SÍMICA

La aparición de la variante Ib de la viruela símica, conocida también como mpox, debería ser una llamada de atención para las autoridades sanitarias y la sociedad en México. Este nuevo brote, que ya ha cobrado más de 461 vidas y se ha extendido a países africanos vecinos, representa un desafío de salud pública que no podemos permitirnos subestimar. Aunque hasta ahora los casos en México corresponden a la variante IIb, la posibilidad de que la variante Ib, más mortal y contagiosa, cruce nuestras fronteras es real y exige una respuesta urgente y coordinada.

En 2022, el mundo ya experimentó el impacto de la variante IIb de mpox, con brotes en países donde la enfermedad no es endémica. El hecho de que la nueva cepa, surgida en la República Democrática del Congo, sea más transmisible y letal solo agrava la situación. Según la OMS, este virus se transmite no solo a través del contacto directo con lesiones o fluidos corporales, sino también mediante la proximidad con una persona infectada. Esto plantea un riesgo elevado, especialmente en contextos donde las medidas de prevención y control pueden ser más difíciles de implementar.

En México, la situación se ha extendido a varios estados. Hasta la fecha, la Secretaría de Salud ha confirmado 49 casos de mpox en distintas entidades, con la mayor concentración en Ciudad de México (29 casos). Otras entidades afectadas incluyen Quintana Roo (7 casos), Jalisco (3 casos), Morelos (2 casos), Puebla (2 casos), Estado de México (1 caso), Nuevo León (1 caso), Sinaloa (1 caso), Tamaulipas (1 caso), Tlaxcala (1 caso) y Veracruz (1 caso). Aunque todos estos casos están relacionados con la variante IIb, la amenaza de la variante Ib, más virulenta, es un recordatorio de la necesidad de mantenerse vigilantes.

México, con su infraestructura de salud ya presionada por otras enfermedades y retos sanitarios, debe tomar medidas proactivas para evitar que esta nueva amenaza se convierta en una crisis nacional. Es imperativo que las autoridades refuercen la vigilancia epidemiológica en puntos clave, como aeropuertos y zonas fronterizas, y que se prepare al sistema de salud para una respuesta rápida en caso de detectarse algún caso de la variante Ib.

Además, la comunicación clara y efectiva hacia la población es esencial. La experiencia nos ha enseñado que la desinformación y el pánico pueden ser tan peligrosos como el virus mismo. Debemos asegurarnos de que la ciudadanía entienda los riesgos reales, las formas de transmisión y, sobre todo, las medidas de prevención. La educación es nuestra mejor defensa contra la propagación de la enfermedad.

No obstante, el gobierno no puede hacerlo solo. Es crucial que la comunidad médica, las instituciones de investigación y la sociedad en general se sumen a este esfuerzo. La vigilancia y el seguimiento de posibles casos, la investigación sobre nuevas formas de tratamiento y la cooperación internacional son aspectos clave para enfrentar esta amenaza.

En este contexto, la solidaridad global y la cooperación entre países se vuelven más importantes que nunca. La respuesta mundial a las pandemias recientes ha demostrado que, aunque las fronteras puedan cerrarse, los virus no respetan límites geográficos. México debe trabajar de la mano con otros países y con organismos internacionales para estar un paso adelante en la lucha contra la mpox.

La variante Ib de la viruela símica nos recuerda que el mundo sigue siendo vulnerable a emergencias sanitarias imprevistas. Este no es un momento para la complacencia, sino para la acción. México tiene la oportunidad de aprender de las lecciones del pasado y prepararse para proteger a su población de una amenaza que, aunque aún lejana, podría convertirse en un problema grave si no actuamos con rapidez y decisión.

Por: Roberto Flores Piña

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