El torneo nacional de futbol femenil Mundial Mujeres Libres se ha convertido en un espacio donde mujeres de distintas regiones de Hidalgo no solo compiten en la cancha, sino que también desafían estereotipos y obstáculos que durante años limitaron su participación en el deporte.
Detrás de cada equipo participante hay historias de perseverancia. Raquel Jiménez, originaria de Tepeji del Río, comenzó a jugar desde los 10 años, aunque tuvo que enfrentar el rechazo de quienes consideraban que el futbol era una actividad exclusiva para hombres. En Yahualica, Martha Valeria Arista encontró en este deporte una forma de libertad y expresión desde que estudiaba la telesecundaria.
Las experiencias se repiten en distintos municipios. Judith Alvarado inició jugando con sus primos ante la falta de ligas femeniles, mientras que Imelda Juárez, de Singuilucan, encontró en el futbol una pasión que mantiene hasta la actualidad.
Uno de los casos más representativos es el de Marlén Caro Ibarra, portera de Epazoyucan, quien desde niña buscó oportunidades para jugar pese a que en su escuela solo existían equipos varoniles. Hoy combina su faceta como madre con su carrera deportiva y envía un mensaje a niñas y adolescentes para que no abandonen sus metas.
De acuerdo con el Instituto Hidalguense de las Mujeres, este tipo de competencias ayudan a visibilizar la participación femenina en el deporte y evidencian que aún existen desafíos relacionados con la desigualdad, el reconocimiento y las oportunidades para las futbolistas.
El campeonato reúne a mujeres de distintas regiones del país y busca fortalecer la inclusión, la convivencia y el trabajo en equipo, al tiempo que abre espacios para que más mujeres puedan desarrollarse dentro del balompié.
FUTBOLISTAS HIDALGUENSES ROMPEN BARRERAS EN EL MUNDIAL MUJERES LIBRES
