Por: Angel Flores
Hablar de salarios en México casi siempre termina reduciéndose a una sola pregunta: ¿cuánto gana una persona? Sin embargo, quizá esa nunca ha sido la pregunta correcta. La verdadera cuestión debería ser otra: ¿cuánto necesita ganar una familia para vivir con dignidad?
En una ciudad como Pachuca, donde el costo de vida ha aumentado de manera constante durante los últimos años, la respuesta está lejos de ser sencilla. Porque vivir no significa únicamente llenar el refrigerador. También implica pagar renta, transporte, electricidad, agua, gas LP, internet, ropa, educación, medicamentos y una larga lista de gastos que forman parte de la vida cotidiana de cualquier hogar.
De acuerdo con la metodología del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), una persona que vive en una zona urbana requiere alrededor de 4 mil 930 pesos mensuales para cubrir tanto la canasta alimentaria como el resto de sus necesidades básicas. Si ese cálculo se traslada a una familia integrada por cuatro personas, el ingreso necesario supera los 19 mil 700 pesos al mes para mantenerse por encima de la línea de pobreza por ingresos.
La cifra resulta reveladora cuando se compara con la realidad laboral del estado.
En Hidalgo, el salario promedio ronda los 7 mil pesos mensuales considerando tanto el empleo formal como el informal. Quienes cuentan con un empleo formal perciben alrededor de 10 mil 300 pesos, mientras que en la informalidad el ingreso promedio apenas supera los 5 mil 700 pesos. Es decir, para miles de familias hidalguenses el ingreso mensual continúa muy por debajo de lo que oficialmente se considera necesario para cubrir las necesidades básicas.
Pachuca presenta un panorama distinto, aunque no necesariamente suficiente. Al concentrar la mayor cantidad de empleos formales del estado, los trabajadores afiliados al IMSS registran un salario promedio cercano a 15 mil 900 pesos mensuales antes de impuestos y prestaciones. Aun así, esa cantidad continúa siendo menor a los casi 20 mil pesos que una familia de cuatro integrantes necesitaría para mantenerse por encima de la línea de pobreza.
La realidad es que las matemáticas no siempre coinciden con el esfuerzo.
Cada año los salarios aumentan algunos puntos porcentuales, pero también lo hacen la renta, el precio de los alimentos, el transporte, los combustibles y prácticamente todos los servicios básicos. Lo que hace unos años alcanzaba para cubrir una parte importante del presupuesto familiar, hoy apenas permite mantener el equilibrio económico de muchos hogares.
Y cuando los ingresos no crecen al mismo ritmo que el costo de vida, las familias comienzan a hacer sacrificios.
Se posponen consultas médicas.
Se reducen gastos en recreación.
Se limita la compra de ropa.
Se cancelan vacaciones.
Incluso la alimentación termina ajustándose al presupuesto disponible.
Quizá por eso el concepto de pobreza resulta mucho más complejo de lo que suele imaginarse. No siempre significa carecer absolutamente de todo. Muchas veces consiste en trabajar todos los días y, aun así, no generar lo suficiente para cubrir las necesidades básicas del hogar.
Lo más preocupante es que esta situación no afecta únicamente a quienes perciben el salario mínimo. También alcanza a trabajadores con empleos formales, profesionistas e incluso familias donde ambos padres laboran.
La economía cotidiana parece haber convertido el ingreso familiar en una carrera permanente contra el aumento de los precios.
Y entonces la discusión deja de centrarse en cuánto gana una persona.
La pregunta realmente importante es otra.
¿En qué momento trabajar tiempo completo dejó de ser garantía para vivir con tranquilidad?
Porque al final, una ciudad no se mide únicamente por el número de empleos que genera.
También se mide por la capacidad que tienen esos empleos para ofrecer una vida digna a quienes la sostienen todos los días.
¿CUÁNTO DEBE GANAR UNA FAMILIA PARA VIVIR EN PACHUCA?
