Un análisis realizado a la costilla fosilizada de un Tyrannosaurus rex permitió a científicos descubrir restos de vasos sanguíneos preservados, un hallazgo que está ofreciendo nuevas pistas sobre la forma en que estos gigantes prehistóricos lograban recuperarse de lesiones.
La investigación se centró en «Scotty», considerado uno de los ejemplares de T. rex más grandes encontrados hasta la fecha. Los especialistas estudiaron una costilla que presentaba una antigua fractura utilizando rayos X de sincrotrón, una tecnología capaz de observar el interior de los fósiles con gran detalle sin dañarlos.
Durante el análisis identificaron estructuras compatibles con antiguos vasos sanguíneos alrededor de la zona lesionada. Esto indica que, al igual que ocurre en aves y mamíferos actuales, el hueso recibió un abundante suministro de sangre mientras cicatrizaba, permitiendo su reparación.
El descubrimiento refuerza la idea de que los dinosaurios poseían una fisiología más activa y compleja de lo que durante décadas se pensó. Además, aporta evidencia directa de que contaban con mecanismos eficientes para regenerar huesos tras sufrir fracturas, una capacidad que pudo ser clave para su supervivencia en ambientes donde enfrentaban constantes combates, accidentes y la caza de grandes presas.
Los investigadores también señalaron que las lesiones cicatrizadas podrían convertirse en lugares ideales para buscar restos microscópicos de tejidos blandos en otros fósiles, ya que durante el proceso de recuperación aumenta el flujo sanguíneo y, con ello, las posibilidades de preservar estructuras biológicas.
El hallazgo representa un nuevo avance en el estudio de los dinosaurios y ayuda a comprender mejor cómo vivían, sobrevivían y se recuperaban estos enormes depredadores que dominaron la Tierra hasta su extinción hace aproximadamente 66 millones de años.
HALLAZGO EN UN T. REX REVELA CÓMO SANABAN SUS HUESOS HACE 66 MILLONES DE AÑOS
