¿PACHUCA ES UNA CIUDAD ABURRIDA? EL ESTIGMA QUE LA CAPITAL HIDALGUENSE NO HA PODIDO SACUDIR

Por: Angel Flores

¿Pachuca es aburrida o simplemente nos acostumbramos a vivir en una ciudad que dejó de sorprendernos?

La pregunta puede parecer provocadora, pero basta salir de Hidalgo y mencionar que vivimos en Pachuca para escuchar una palabra que se repite constantemente: “tranquila”. Dependiendo del tono, puede ser un cumplido o una manera políticamente correcta de decir que aquí “no pasa nada”.

Y la percepción no surgió de la nada. En conversaciones y espacios digitales aparece una crítica recurrente sobre la poca vida nocturna, actividades que terminan temprano y la sensación de que, para encontrar algo diferente, hay que salir de la ciudad.

Pero aquí aparece la contradicción: Pachuca no es una ciudad pequeña. El Censo 2020 registró 314 mil 331 habitantes en el municipio, con una edad mediana de 32 años. Además, un diagnóstico municipal contabiliza 23 mil 033 unidades económicas y señala que 82 por ciento de la población ocupada trabaja en el sector terciario, principalmente comercio y servicios.

Entonces, si hay población, jóvenes, restaurantes, bares, universidades, museos y actividad económica, ¿por qué permanece la idea de que Pachuca es aburrida?

Tal vez porque tener lugares no significa necesariamente tener una ciudad vibrante.

Pachuca posee historia minera, arquitectura, gastronomía, espacios culturales y una ubicación privilegiada cerca de la Ciudad de México. Tripadvisor registra 77 atracciones en la capital hidalguense, aunque cuando se busca específicamente vida nocturna, la oferta visible resulta mucho más limitada.

El problema, entonces, quizá no sea la ausencia absoluta de opciones, sino la falta de una identidad urbana capaz de convertirlas en una experiencia permanente.

La prueba está en lo que ocurre cuando llega un acontecimiento extraordinario. Durante el Mundial de 2026, la presencia de la Selección de Sudáfrica generó actividades que, según autoridades municipales, llevaron alrededor de 35 mil personas al centro de Pachuca. De pronto hubo calles llenas, consumo, visitantes y conversación.

Pachuca demostró que puede tener movimiento.

Pero una ciudad no puede depender de una feria, un partido o un evento internacional para sentirse viva.

Necesita cultura, música, gastronomía, espacios públicos, actividades nocturnas y una agenda constante que haga que alguien de Ciudad de México, Puebla o Querétaro diga: “Vamos a Pachuca”.

Porque quizá Pachuca no sea aburrida. Quizá simplemente todavía no ha aprendido a vender, conectar y potenciar todo lo que tiene.

Y ahí está el verdadero reto: dejar de ser una ciudad por la que se pasa para llegar a otro lugar y convertirse en una ciudad a la que se quiere llegar.

Porque una ciudad no se vuelve atractiva solamente por tener lugares. Se vuelve atractiva cuando la gente tiene razones para quedarse.

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