Por: Roberto Flores Piña
¿Quién no ha sentido alguna vez ese cariño incondicional que solamente una mascota puede ofrecer? Ese recibimiento lleno de alegría al llegar a casa, las travesuras, los paseos y hasta esos momentos en los que, sin decir una sola palabra, parecían entender perfectamente cómo nos sentíamos.
Este 27 de octubre, de acuerdo con una tradición popular del Día de Muertos, se recuerda a los animales de compañía que ya partieron de este mundo. Es una fecha dedicada a esos perros, gatos y otras mascotas que, aunque dejaron de acompañarnos físicamente, permanecen en la memoria de quienes compartieron su vida con ellos.
En muchos hogares mexicanos, las familias preparan pequeñas ofrendas para recibir simbólicamente a sus compañeros peludos. Fotografías, juguetes, recipientes con agua, croquetas y sus premios favoritos forman parte de estos altares. Las flores de cempasúchil también están presentes como símbolo del camino que, según la creencia, guía a las almas de regreso a casa.
Aunque esta fecha se ha popularizado en años recientes y no existe una celebración prehispánica única que establezca el 27 de octubre como el día de las mascotas, la tradición ha encontrado un lugar especial dentro de las conmemoraciones mexicanas.
Y es que perder a una mascota también significa despedirse de una parte importante de nuestra vida. Para muchas personas, un perro o un gato no representa solamente un animal de compañía, sino un integrante de la familia que estuvo presente durante años, que creció a nuestro lado y que, a su manera, nos enseñó el significado de la lealtad.
Quizá por eso estas ofrendas tienen un significado tan especial. No se trata únicamente de colocar alimento o una fotografía sobre una mesa, sino de recordar todas esas pequeñas historias que construimos con ellos.
Porque el tiempo que compartimos con nuestras mascotas puede parecer corto, pero los recuerdos que dejan pueden acompañarnos toda la vida.
Este 27 de octubre, las puertas de muchos hogares se abren simbólicamente para recibir a quienes alguna vez corrieron por sus pasillos, esperaron detrás de una puerta o movieron la cola al escuchar nuestra voz.
Porque hay despedidas que duelen, pero también amores que ni siquiera la muerte consigue borrar.
HOY LLEGAN LOS PERRITOS AL ALTAR, UN RECUERDO PARA QUIENES NOS ENSEÑARON QUE EL AMOR TAMBIÉN TIENE CUATRO PATAS
